Presentación en Montevideo, Uruguay – Apóstol Naasón Joaquín García

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El pasado jueves 29 de enero, en el marco de su primera Gira Universal, el Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín García visitó la Iglesia de Montevideo, Uruguay. Es el tercer país recorrido en este periplo.

En Montevideo, una ciudad portuaria y turística ubicada a poco menos de 200 kilómetros de Buenos Aires –unida a ésta por el Río de la Plata–, se encuentran ubicadas dos casas de oración en los barrios Cerrito de la Victoria y la Valleja. (La Iglesia La Luz del Mundo, establecida en Uruguay desde 2005, cuenta con personalidad jurídica: Registro de Asociaciones Civiles y Fundaciones, inscripción CTE. 91/2011.)

Salutación apostólica

 

En su primera visita a la República de Uruguay, el Apóstol Naasón Joaquín fue recibido con singular regocijo por los hermanos de Montevideo. La promesa que Dios le hiciera –que Él haría la obra prefecta en los corazones y serían como un solo hombre– tuvo perfecto cumplimiento en esta nación, al igual que en las demás iglesias esparcidas por el mundo. Y es que esta es la obra de Dios: “Creer en el que Él ha enviado” (Juan 6:29).

“Cuánto deseo tenía de estar con ustedes y conocerles. Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús, nuestro Señor, porque me tuvo por fiel poniéndome en el Ministerio. Gracias a esa fortaleza espiritual con la que me ha revestido, hoy me permite llegar hasta vosotros, para corroborar el trabajo que estáis desarrollando en este país”, fueron sus primeras palabras. En este anhelado encuentro, un sollozo de júbilo embargó los corazones de los hermanos, quienes experimentaron el privilegio de tener entre ellos al Enviado de Dios.

A nombre de la Iglesia de Uruguay, el hermano D.E. Reynaldo Rosales fue el encargado de dirigir las palabras de bienvenida: “Anhelábamos su presencia. En las grietas de la tierra árida ha comenzado a caer la lluvia, por su palabra bendita, Sea bienvenido, Apóstol del Señor”. 

No estáis solos

 

Después de saludar a su amada Iglesia, el Apóstol Naasón Joaquín dirigió unas palabras a los hermanos Emilio García y Job Zúñiga, ministros de Montevideo: “Ustedes han trabajado en el servicio del Señor junto con la Iglesia. Dentro de la Gira Universal, he venido a animarles a seguir adelante en la misión espiritual e incitarles, a través del ejemplo, a que no desmayéis. A decirles que nadie, absolutamente nadie, trabaja en vano en el Señor”.

En este tenor, recordó el combate que libró el pueblo de Israel contra los filisteos, en donde Isaí, padre de David, ordenó a su hijo ir a ver a sus hermanos, quienes se encontraban en los campos de batalla, por si tenían alguna necesidad, angustia o falta de sustento, y les envió algunos alimentos.

 “Llego hasta Montevideo –recordó– y he querido que me acompañe una parte del Coro de Estados Unidos para que, a semejanza del Rey David, traigamos a ustedes una provisión espiritual, un alimento que les dé fuerza y les permita seguir levantando la bandera de Cristo. Ustedes también tienen un Padre celestial que está en los cielos, sabe que están en un lugar muy lejano, y me ha dicho: ´Llévales un alimento y un cobijo espiritual, que sientan que no están solos´. Traigo en mis manos este alimento para vosotros. ¡Heme aquí hermanos de Uruguay y compañeros de la Obra del Señor!”. En ese momento, la algarabía espiritual se desbordó. Las lágrimas y los gritos de alegría estremecieron el recinto: las ovejas reconocían la voz de su pastor.

El manto de la Elección

 

Al igual que en las iglesias de Chile y Argentina, el Apóstol del Señor trajo a la memoria el momento glorioso de su manifestación apostólica: “Sin duda, también ustedes lloraron por la separación del Apóstol de Jesucristo Samuel Joaquín. Pero también sé que estaban esperando el día 14 –el día domingo–, en el cual Dios habría de manifestar –y manifestó–, en su Santa Iglesia, la Elección que Él tenía preparada. Por eso hoy pregunto a la Iglesia y a los ministros de Uruguay: ¿también el manto de la Elección ha tocado sus corazones? ¿Han visto y aceptado el ministerio que Dios me ha dado? Yo les digo que también a vosotros os dejo mi bendición”.

 

Evangelizar: deber de todo cristiano

 

En relación con el combate de Israel contra los filisteos, el Apóstol resaltó de esa epopeya el valor de Jonatán, hijo del Rey Saúl, quien irrumpió en el campamento enemigo, acompañado únicamente por su paje de armas, mientras que muchos de los israelitas comenzaban a retirarse del campo de batalla con temor, al contemplar que el ejército filisteo era superior a ellos. Recordó que cuando el rey Saúl se enteró de que su hijo Jonatán estaba luchando solo con su paje, ordenó a todo el ejército de Israel que fuera contra los filisteos. Aquel pueblo que tenía miedo de enfrentarse a ellos, ahora, por mandamiento del Rey, se disponía a combatir con valor en aquella batalla.

“Hermanos de Uruguay y compañeros ministros: ustedes han demostrado una valentía y un esfuerzo al estar luchando aparentemente solos, pero saben que no están solos: hay un grande pueblo que ha estado y está con vosotros”, alentó el Apóstol de Jesucristo.

Tal y como ha venido sucediendo en su Gira Universal, el Apóstol del Señor invitó a la Iglesia de Uruguay, como lo hizo con los jóvenes en sus presentaciones anteriores, a sumarse al trabajo espiritual: “Para lograr y ser parte de esta grande promesa, tenemos que trabajar, unificarnos y fortalecernos. La batalla ha empezado: no se trata de una batalla material, donde vamos a usar espada y escudo materiales. No: es la batalla de la evangelización de la Restauración de la Primitiva Iglesia Cristiana, que es la Iglesia del Dios Vivo Columna y Apoyo de la Verdad, La Luz del Mundo”.

La buena hierba y la cizaña

 

El trabajo que debe llevar un jornalero para su final cosecha, fue un ejemplo que asoció con quienes trabajan en la obra espiritual. Recordó que para poder sembrar una semilla y tener fruto, el labrador tiene que trabajar primero la tierra: barbecharla, utilizar una yunta de bueyes para romper la tierra dura y dejarla suelta, sembrar la semilla, regarla con agua y abonarla para que dé más fuerza a aquella plantita y siga creciendo. Comentó que en cada una de estas etapas no crece la planta sin ningún problema: “Cuando el jornalero ve que nace la primera ramita, se llena de alegría. Y después de que aquellas ramas empiezan a crecer, sigue trabajando y la cuida, porque también ahí florece una rama que conocemos como la cizaña, que es una hierba mala, que crece al igual que el trigo, el sorgo, y la buena hierba.

“El trabajo de aquella cizaña consiste en enredarse en la buena hierba para robarle el agua, ahogarla, impedirle crecer y finalmente matarla. Por ello, el jornalero tiene que estar constantemente limpiándola de la mala hierba para que no la ahogue. Hay un cuidado, una constancia y un trabajo. En el trabajo espiritual debemos de ser incansables, porque si nosotros dormimos, el sol la puede matar, así como el exceso de agua la llega a ahogar. Por ello, este  trabajo (el cuidado de las almas) debe ser constante día y noche. Por eso dice la alabanza: “Llorando van los que llevan la semilla”, porque es trabajo, cansancio, agotamiento, cuidado… Pero al final regresarán los obreros alegres con sus gavillas.

 

“Ustedes, ministros de Uruguay, me han demostrado una valentía al luchar aparentemente solos. De esta lucha, hicieron también su lucha: y claramente puedo ver que no les arredra el enemigo. Que han creído en el que Dios ha enviado, que si la vida se pierde aquí, allá con Cristo la van a encontrar”.

 

Mi alma ha quedado ligada a ustedes

 

En sus palabras finales, el Apóstol de Jesucristo señaló: “Este día mi alma ha quedado ligada a la suya y la de vosotros a la mía, porque os amo en el entrañable amor de Cristo. Espero que este saludo les sirva para fortalecer su fe, que sigan adelante en su ánimo y que estéis seguros. Ha sido una inmensa alegría estar entre vosotros. Y si por alguna razón alguno se ha alejado, porque la cizaña, que es satanás, los ha envuelto, aquí está el cuchillo y la hoz espiritual que viene a quitar esa cizaña, porque sentía que algunos se estaban ahogando por esa mala hierba que les estaba quitando esa agua espiritual, pero les vengo a decir que no están solos”.

 

Al término de su presentación, saludó personalmente a los hermanos uruguayos mencionándolos por su nombre: “Os dejo mi bendición. He venido a consolar el corazón de ustedes. Dios les bendiga”. Por la noche, al invitar a una cena a los asistentes, entre los cuales estaba su familia, los ministros que le acompañan, el Coro de Estados Unidos y los creyentes de Uruguay, pudo convivir con todos.

El corazón de la Iglesia presente en Montevideo

Cabe destacar que en el marco de la presentación apostólica en Uruguay, una parte del Coro de la Iglesia de Estados Unidos participó en una jornada de evangelización a través de cánticos espirituales, en las Plaza Entreveros e Independencia, del Centro Histórico de Montevideo, así como en la Rambla principal de la zona portuaria. Los ministros, obreros y miembros de la Iglesia uruguaya, dieron testimonio de la fe cristiana y de la Elección de Dios contemporánea a los oyentes. A raíz de esta gira se derramaron lluvias de bendición en esta nación sudamericana.

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