Presentación Apostólica de acción de gracias a Dios.

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El reloj marcaba las 5:26 de la mañana cuando el Apóstol de Jesucristo ingresó a la Casa de Oración en la colonia Hermosa Provincia. Como lo había anticipado el Viernes 23 de octubre, regresaría a pagar sus votos al Señor por haber librado de la destrucción y la muerte a los hermanos de las costas de Nayarit, Colima y Jalisco. Con anterioridad, a la 1:04 am, había acompañado durante una hora a los grupos de casados y jóvenes en sus consagraciones a favor de los hermanos damnificados.

El Apóstol de Jesucristo al estar en el templo expresó: “Con grande alegría viene su hermano a este lugar. El hombre dice que fue suerte –de manera sorprendente para los hombres, el huracán Patricia bajó a grado 2 al tocar suelo mexicano–, el hombre dice que fue casualidad, pero tú y yo sabemos que hubo alguien que escuchó nuestra voz y que escuchó nuestra plegaria”, refirió.

Recordó el momento cuando Dios vio la maldad de Sodoma y Gomorra, y determinó destruir esas ciudades, pero dentro de aquellas tierras –comentó el Apóstol de Jesucristo– se encontraba un hombre justo, del cual Dios se agradaba. Y fue Abraham con Dios y empezó a intervenir diciendo: “Ay, mi Señor, ¿cómo vas a destruir al justo juntamente con el injusto? ¿Si hubiese allí en esa ciudad 50 justos no lo librarías de este mal? Y Dios le respondió: “Por 50 justos yo lo libraré de este mal”. Y volvió a inquirir Abraham: “Ay, mi Señor, y si fueran cinco menos”. “Pues por 45 yo libraré a esta ciudad”, contestó Dios. Y le dijo Abraham de nuevo: “Mi señor, y si fuesen 40”, “por 40 yo no destruiré esta ciudad”, replicó. Y todavía seguía él suplicando: “Mi señor, no se enoje conmigo, pero si en vez de 40 fueran 30…”. Pero ahí estaba la misericordia de Dios: “Por esos 30 yo libraré a esa ciudad”.

En este paralelismo, el Apóstol de Jesucristo expresó lo siguiente: “Qué hermoso es tener a ese Dios vivo. Hoy también nosotros venimos como aquel hombre llamado Abraham y venimos ante sus plantas y le dijimos: ‘No Señor, no son 15; no son 20; no son 30; no son 40; no son 50… son miles de almas las que están amenazadas en aquellas costas por este huracán’. Señor: ¿destruirás al justo con el injusto? Y venimos y clamamos al que consuela nuestras almas. Y clamamos al que nos dijo que lo hiciéramos en un momento de angustia, pero que también nos dijo: ‘Clámame en el día de tu angustia y yo te responderé, pero luego tú me honrarás. Por eso ya vengo a decirle: justo es nuestro Dios, grande es nuestro Dios, misericordioso es nuestro Dios… ‘Viva Jehová y bendita sea la roca’”.

Posteriormente, invitó a la multitud de hermanos reunidos en la Casa de Oración a cantar la alabanza 477, “Santo, Santo, Santo”, “porque digno es que alabemos a Dios”, destacó. Pidió que este himno se cantara “con toda nuestra alegría, nuestro agradecimiento, nuestras fuerzas, porque digno es nuestro Dios que lo hagamos de todo corazón”. Y así fue.

Después de haber cantado el himno y ser confortados por el Señor, el Siervo de Dios invitó a la Iglesia reunida a la siguiente reflexión: “Qué padre cuando un hijo le pide un pan le da una piedra. Qué padre cuando un hijo demanda algo de él le da una serpiente. Si nosotros siendo hombres sabemos dar buenas dádivas, hoy fuimos ante el único Dios vivo, ante aquel que su misericordia es para siempre. Le clamamos y Él nos respondió.

Oración de gratitud a Dios: El pago de los votos

Hermano: “¿Quieres que adoremos su nombre? Yo sé que la noche acabó con tu garganta, pero no importa, más grande fue la obra que Él hizo. Nuestros hermanos están en plena salud y están a salvo. Decían los hermanos de Puerto Vallarta: ‘Hermano, ya estamos viendo las estrellas; el sol se ha despejado; podemos hoy decir Maestro pasó la tormenta, los vientos no rugen más”.

Con lágrimas en sus mejillas y un profundo sentimiento espiritual, el Apóstol de Jesucristo elevó su oración de gratitud al que lo fortaleció y lo tuvo por fiel al ponerlo en el Ministerio. En su plegaria al Creador, dijo: “Señor, ahora hay una bonanza, ahora venimos ante ti a pagar nuestro voto que hicimos. A reconocer que tú, y solamente tú, eres grande. Grande es tu nombre, Oh Dios: hiciste esta maravilla.

“Agradecemos tu compasión, el que inclinaste tu oído a tu Siervo y a tu Iglesia, para librar del mal a tus hijos de aquellas regiones. Hoy, Señor, venimos a decirte qué grande es tu nombre y digno de ser alabado, ensalzado y adorado, porque eres poderoso, grandioso, misericordioso y has protegido a tus hijos. Hoy el mundo tembló; el mundo se amedrentó; y el mundo reconoció que no es nada ante ti, mientras tus hijos te daban la gloria y se amparaban en tus brazos, y Tú los libraste.

“He aquí tus hijos, y tu Siervo, venimos ante tus plantas para decirte que tú, oh Dios, eres grande en poder, en misericordia y en amor; digno de toda nuestra alabanza, digno de todo nuestro reconocimiento, digno de que te demos loor, digno de que te adoremos, y una vez más decimos: ‘Viva Jehová y bendita sea nuestra roca. Roca que nos protege, roca que nos cuida’, tú el único Dios vivo, en el amor de tu hijo amado Jesucristo”.

Seguro se halla el aprisco

Al término de su fervorosa oración, el Apóstol Naasón Joaquín informó lo siguiente: “Una vez más quiero notificar esta hermosa noticia: ¡Seguro se haya el aprisco. Y el hato tranquilo ya está! Esto no quiere decir que nuestros hermanos no sufrieron situaciones difíciles. Aunque todavía no las conocemos, porque todos ellos están refugiados en diferentes lugares –la gran mayoría en las casas de oración–, todavía falta que el gobierno, las autoridades, les den la autorización para que ellos salgan a sus hogares y entonces valoren las pérdidas que tuvieron.

”Pero yo te digo a ti hermano –porque serán días duros para ellos–, ¿verdad que no tienen de qué preocuparse? Yo te invito para que traigas un kilo de arroz, un kilo de frijol, agua embotellada, comida enlatada, para que los tres o cinco días que serán los más difíciles para ellos, tengan abundancia y no haya ninguna necesidad”. Indicó que todos los víveres y alimentos no perecederos serán acopiados en el edificio de Israel para que cada quien lleve a ese lugar lo que proponga en su corazón, y así suplir la necesidad de los hermanos necesitados.

Comentó que pasando el recuento de daños, se hará una evaluación por los ministerios designados, quienes informarán qué familia se quedó sin casa, u otra sin muebles, o a la que se echó a perder sus enseres domésticos… Entonces se volverá a invitar a la Iglesia para que participemos de una bendición más en el nombre del Señor.

Y agregó: “Al participar en esta bendición, nos sentiremos muy orgullosos y favorecidos de Dios: que Él ponga en nuestro corazón el sentir de poder donar algo, porque hoy son ellos, pero mañana podríamos ser nosotros, y estoy seguro de que ellos también verían por nosotros. Pero por lo pronto, hemos pagado nuestros votos, y ahora sí, con alegría, una vez más decimos: ‘Bendito sea nuestro Dios. Bendito sea nuestro señor Jesucristo. Que no nos olvidado, que hoy nos ha demostrado que sigue con su Iglesia, que sigue con su Siervo, la Iglesia del Dios Vivo sigue adelante en el nombre de Cristo Jesús’.

Invitó a la Iglesia a no dejar de orar por los hermanos de las costas de Jalisco, Colima y Nayarit, sea en la oración de cinco, de nueve o de seis de la tarde. “Dios los bendiga en el nombre de Cristo Jesús”, fueron sus palabras de despedida.

Despedida

La iglesia, al unísono, entonó la tercera estrofa del himno 377: “Maestro, pasó la tormenta. Los vientos no rugen ya; y sobre el cristal de las aguas el sol resplandecerá. Maestro prolonga esta calma, no me abandones más; cruzaré los abismos contigo, gozando bendita paz”.

Mientras el Coro de Hermosa Provincia, con su impecable uniforme blanco, entonaba el citado himno, el Apóstol del Señor se detuvo por unos instantes en el atrio y desde ahí, de manera simbólica, estrechó a sus hijos en la fe en un abrazo amoroso y les dió un ósculo de amor.

Al salir por el pasillo del templo, acompañado de algunos ministros, las hermanas y los hermanos se regocijaban al contemplarlo. Y es que eran dos los motivos: el primero, el ser testigos de la maravillosa respuesta del Creador a la oración de su Apóstol, quien libró a los hijos de Dios de la destrucción y la muerte material. La segunda, el contemplar de nueva cuenta al Apóstol de Jesucristo en su “cuartel general espiritual”, luego de su gira por Sudamérica y la República del Salvador.

La respuesta favorable de Dios ante una inminente desventura, el pago de los votos a esta bondad, el regreso con bien del Apóstol de Jesucristo de su exitosa gira universal, y la confianza y seguridad que experimentó la Iglesia en el Altísimo ante este evento meteorológico, es un capítulo más en la historia del ministerio contemporáneo, el de Naasón Joaquín García, Siervo del Dios Vivo y Apóstol de Jesucristo por la gracia de Dios.

Fuente: Unidad de Crónicas Apostólicas.

Author Bio

Ivan Hernández

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