Oración Apostólica

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¡Vivimos en un tiempo de gracia!: época que los Profetas de la antigüedad anhelaron y no era para ellos Coordinación de Crónica Apostólica).— El lunes 6 de marzo, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, elevó su plegaria matutina al Creador en el templo de la colonia Hermosa Provincia, en Guadalajara. El reloj marcaba las 4:30 de la mañana cuando, acompañado por algunos de sus colaboradores, el Apóstol del Señor ingresó a su oratorio en el interior del templo. Entretanto la oración del justo se elevaba al Creador —a la que se unieron los ministros y la Iglesia que se encontraba en el sagrado recinto, en sus atrios y en sus calles aledañas— se escucharon dos alabanzas del Orfeón local: «Soy yo soldado de Jesús» y «Tiempos de gracia». Al término de su oración, luego de haber orado en favor de su familia, del Cuerpo Ministerial, de la Iglesia universal y de las almas que están ordenadas para vida eterna —además de la oración de adoración al Creador—, el Apóstol del Señor saludó a los integrantes del Coro local y a los hermanos que en el interior y exterior del templo lo acompañaron esta mañana en su plegaria. Bendita la roca de nuestra salud En la puerta de su casa, el Apóstol de Jesucristo platicó con sus colaboradores. Comentó que el segundo himno que el Orfeón de Hermosa Provincia entonó, «Tiempos de Gracia», lo escuchó mientras preparaba el tema que habló en Costa Rica; canto que pidió al Coro costarricense que entonara durante su presentación apostólica, que tuvo lugar en el país centroamericano el domingo 22 de enero de 2017. En dos de las estrofas de este simbólico himno se lee: «Bendita la roca de nuestra salud (…) Desde antes de la Creación estaba el divino plan de ser apartados para salvación, pues somos el Pueblo Santo del Señor… el que Jesucristo restauró (…) Nos une una misma fe, un mismo amor y un gran Apóstol del Señor. «Algunos profetas en su inquietud vivieron buscando con solicitud el tiempo de salvación, de gracia y de aceptación… y el tiempo también de su Restauración. Mas no se les dio a ellos conocer lo que hoy nuestros ojos pueden ver (…) La obra restauradora del Señor hoy se manifiesta por todo lugar, son lluvias de bendición y lluvias de libertad: es el cumplimiento de su voluntad…». En relación con estas estrofas, el Apóstol del Señor agregó: «¡Cuánto indagaron los profetas sobre la sazón de los tiempos! Hay quienes dicen: ‘Cuántos hubiéramos querido haber vivido en el tiempo de Moisés y ser testigos de la apertura del Mar Rojo o de la época de Josué, cuando cayeron los muros de Jericó y los demás testimonios del Pueblo de Israel en la antigüedad’ —cabe decir que aunque las maravillas que Dios hizo en favor de su Pueblo fueron numerosas, solo conocemos las que quedaron registradas en las Sagradas Escrituras. El Apóstol Juan, en el libro de Apocalipsis, escribió sobre el tiempo de gracia que la Iglesia vive en esta época «Los profetas indagaban, inquirían y anhelaban contemplar lo que ahora estamos viendo. La gente se admira porque el Apocalipsis es un libro lleno de profundidades, que habla del fin de los tiempos… Pero no es así, ¡habla de nuestro tiempo! ¡Da testimonio de lo que hoy estamos viviendo! El Apóstol Juan escuchó la voz de Dios —una gran voz como de trompeta— que le dijo: ‘Escribe en un libro lo que ves…’ (Apocalipsis 1:10), y escribió: ‘Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos (…) Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido? Yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero’» (Apocalipsis 7:9; 13-14). En relación con la bienvenida que se les dio a los 147 hermanos —88 hombres y 59 mujeres— que recibieron el Espíritu Santo el pasado domingo en la Hermosa Provincia, el Apóstol Naasón Joaquín comentó: «Ayer nos tocó contemplar una pequeña parte de esa multitud. No es la culminación de la multitud que vio Juan, pero somos testigos de cómo se están uniendo poco a poco esas multitudes que, en un futuro, estarán frente a la presencia del Señor. «En este tiempo de gracia estamos viviendo esas maravillas: ¡Más grandes que ver a un mar que se abre en dos partes! ¡Más grande que ver caer el pan del cielo! ¡Más grande que ver caer las murallas de Jericó! Estas maravillas son mayores porque las almas que se convierten no lo hacen por el convencimiento de la palabra, sino por la obra de Dios en sus corazones. La Obra de Dios que Él manifiesta al mundo para salvación es esta: ‘… que creáis en el que Él ha enviado’ (Juan 6: 29)». En este tenor, comentó el testimonio de Felipe y el eunuco, cuando el primero evangelizó al también funcionario de Candace y este, al experimentar la Obra de Dios en su corazón, pidió ser bautizado en el nombre de Jesucristo (v. Hechos 8: 26-39). En este caso, el eunuco no pudo haber asimilado en dos horas toda la doctrina. Comprendió lo esencial, lo básico y lo importante: lo que él leía y lo que quería saber —el testimonio del libro del profeta Isaías—, por lo que cuando Felipe le dijo que se trataba de Cristo, el Hijo de Dios, el velo le fue quitado por Dios y el etíope dijo: ‘Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó ‘» (Hechos 8: 36-38). Dios, a los que antes conoció, los predestinó para ser llamados y conformar su Iglesia En otro momento, el Apóstol del Señor recordó el testimonio de un hermano que antes de su conversión fue co-pastor de una iglesia pentecostal en Australia —cuya membresía rebasaba los mil miembros—, quien comenzó a asistir a la Iglesia del Señor y reconoció la doctrina. Sin embargo, su familia no lo acompañó en su propósito y fue expulsado de su congregación. Ante esta realidad, dijo: «Quiero comentar algo que no entiendo. Aunque yo no quería venir a esta Iglesia, hay algo que me dice qué tengo que acudir pero no sé cómo explicarlo. Lo único que no puedo aceptar es que el Hermano Samuel Joaquín sea un Siervo de Dios. Yo veo tantos predicadores que se me hace imposible que una sola persona sea la que dirija la Iglesia». Con este hermano platicaron diferentes pastores, y todo lo que le explicaban en relación con la doctrina apostólica lo asentía. Lo único que lo detenía para dar el siguiente paso de su conversión era el reconocimiento al Ministerio Apostólico. En una ocasión, cuando platicaba con uno de los obreros de aquel país, el simpatizante expresó: —Oiga, ¿usted cree de verdad que solamente haya un Apóstol de Jesucristo en todo el mundo? ¿Cree que solo exista uno? —Tiene razón: no debería de así, porque en el tiempo del Señor Jesucristo hubo doce y en esta época la Iglesia es más grande —respondió el obrero. —¿Verdad que si? Yo no puedo aceptar que solo haya uno —insistió el ex pastor evangélico. —Oiga, ¿y usted conoce a otro? —Pues no. —Yo tampoco. ¡Me quedo con el conozco! Cuando el religioso escuchó el razonamiento del obrero, en ese instante Dios abrió su entendimiento para reconocer la Elección Apostólica y sin dilación expresó: «Dígale al Apóstol del Señor que me quiero bautizar», y agregó: «¿Por qué estoy resistiendo lo que es de Dios si es Él el quien me está llamando?». El Apóstol de Jesucristo comentó al respecto: «El testimonio anterior no se debió a la letra sino al Espíritu (v. 2 Corintios 3:6), porque el Espíritu es el que nos da vida (v. Juan 6: 63). Muchos no entienden lo anterior, porque, como dice la alabanza n. 166 ‘…al mundo duro le es creer en un Enviado de Dios’, porque esta Obra no es por razonamiento o por doctrina —porque la misma doctrina también se le predica a los gentiles—, esta es la obra de Dios y Él ya tiene los que han de ser suyos. Él nos envía a predicar y nos dice: ‘Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen (…) Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen’ (Juan 10:14, 27). «Ya se encuentran los que están señalados por el Señor, los que Él conoció desde antes de la fundación del mundo. ¡Él los conoce desde antes y no se equivocó! (v. Efesios 1:4). Cuando un obrero toca una puerta donde se encuentra una leyenda que dice: ‘Este hogar es católico y no se admite propaganda religiosa’, y comienza a predicar a las personas que Dios ya conocía desde antes que ellas nacieran, se comienza a manifestar en aquel hogar la Obra de Dios: el hombre adúltero, alcohólico, adicto a las drogas, irresponsable… experimenta una transformación al abrazar la fe. Y es que, por ser predestinado, el Señor les tenía preparada esta bendición (v. Romanos 8: 28-30). «Por lo anterior, al hombre duro le es creer en el que Dios ha enviado. Algunos preguntan: ¿Por qué aceptan al Hermano Naasón? No, nosotros no buscamos esta bendición: fue Dios el que puso el sentir en nuestros corazones e hizo su Obra perfecta (Juan 6: 29). Estas manifestaciones las hemos contemplado en las visitas que asisten a las Escuelas Dominicales de evangelización, cuando se preguntan: ¿Qué está pasando? ¿Por qué lloro? Lo que ellos no entendían, nosotros, por la gracia de Dios, lo entendemos y les explicamos: esta es la bendición de Dios. «El que no está predestinado, no puede entender nuestro lenguaje. Le explicamos y por más que nos ponga atención, oyendo no oye. Pero cuando le predicamos al que está predestinado, este se regocija y dice: ¡Qué hermosa doctrina! ¡Cuántas veces leí este pasaje bíblico y nunca lo entendí, pero ahora lo veo tan claro…! Estos son los predestinados, los que que Dios tiene ordenados para vida eterna. Oyeron la voz del buen pastor e inmediatamente se identificaron. Algunos se quieren resistir, pero llega el momento en que el Señor les dice: ‘Tu tiempo ha llegado’, y en ese momento dan el primer paso de obediencia: el bautismo». A nivel mundial, la Iglesia rebosa de alegría y sigue adelante Y agregó: «Hay quienes sufrieron la separación y no lograron superarla. Todavía viven esperando una maravilla, un cambio de dirección administrativa de la Iglesia… mientras ellos sufren la separación, la iglesia sigue feliz, contenta, gozosa, satisfecha, manifestando a cada momento su alegría, creciendo… Ellos ya se quedaron en el camino y la Iglesia sigue avanzando con pasos agigantados, llena de emoción. El hecho de que los coros canten en las plazas y las calles, los jóvenes salgan a la obra y que toda la Iglesia esté en movimiento, no es otra cosa que la manifestación de un Pueblo feliz, contento, alegre y satisfecho con la voluntad de Dios y que permanece firme y adelante. «En contraste, los qué decían que eran miles y los que les ‘seguían’, ¿dónde están? Mientras que en la Iglesia del Señor, son miles los que visiblemente salen todos los días por todo el mundo a evangelizar… ¡Bendita la roca de nuestra salud!, porque en su voluntad nos quiso abarcar en esta época de dispensación, en este tiempo de gracia. No por obras, sino por su misericordia». En otro momento, el Apóstol Naasón Joaquín comentó que él vive la misma emoción que experimentó en su tiempo el Apóstol Samuel Joaquín, quien por medio de la fe contemplaba, a semejanza de Esteban, los cielos abiertos y al hijo de Dios sentado a la diestra del Padre (v. Hechos 7:56). Muchos de los santos, también por la fe, han visto ese lugar que nos espera y anhelan un día estar en esa morada celestial. Para ello, sin embargo, debemos ser fieles a Dios hasta el último aliento. Y agregó: «Para el que hermano vive agradecido con Dios, el ser miembro de la Iglesia la Luz del Mundo no implica un carga; por el contrario, experimenta en ello una profunda satisfacción. El que es miembro de la Iglesia todo lo hace con alegría, porque ha comprendido el propósito de Dios para él. El que no tiene entendimiento, todo le que hace la causa malestar». Dedicar mayor empeño y tiempo en la instrucción de los niños y los jóvenes: encomienda apostólica al Cuerpo Ministerial Instó a los ministros para que redoblen el cuidado y la instrucción entre los niños y adolescentes, ya que a pesar de que la mayoría nacieron en la Iglesia, necesitan adquirir el conocimiento doctrinal para cimentar su fe. Quien no tiene la enseñanza arraigada le resulta difícil asistir a la Iglesia… porque no ha comprendido la doctrina. Indicó que los ministros deben redoblar esfuerzos y dedicar mayor tiempo en impartir estudios y temas doctrinales a la Iglesia. Narró el testimonio de una joven universitaria que un día sostuvo un diálogo con uno de sus profesores, cuando este quiso evidenciarla ante sus compañeros de clase al afirmar que ella pertenece a una «secta» en donde obligan a todas las mujeres a vestir de largo. La hermana pidió la palabra y le respondió: —Maestro, en primer lugar quiero decirle que está usted equivocado. Yo estoy estudiando mi carrera de leyes y eso quiere decir que tengo capacidad e inteligencia. Mis calificaciones dan testimonio de ello. —Bueno, es yo te veo que siempre vienes a la escuela vestida con falda larga —espetó el profesor. —Si visto de esta manera es porque así quiero. He entendido que conforme a la doctrina al Señor a Él le agrada que yo vista honestamente y yo he decidido vestir así. Es mi decisión y usted no tiene derecho a cuestionar mi decisión. —No, yo respeto tus creencias. —No, usted me está diciendo que en mi mi Iglesia me obligan a vestir de falda larga y eso no es cierto. Con esta actitud me está coartando mi libertad. —No me quiero meter en problemas. Yo respeto todas las religiones… —Eso no es cierto. Usted me está exhibiendo con mis compañeros de clase. Me está haciendo sentir mal. Yo lo respeto y usted no me está respetando a mi, porque esa decisión de vestir honestamente la tomé con plena libertad. Me precio de ser una persona inteligente y capaz. No soy ninguna persona ignorante. —No, yo con la religión no me meto… —Sin embargo, no solo se está metiendo: me está atacando, se está burlando de mi fe, de mis creencias, y mis costumbres… Comentó que, tomando como referencia el testimonio anterior, cuando el joven tiene pleno conocimiento de la doctrina y la fe, se defiende ante cualquier embate o pregunta sobre su esperanza (v. 1 Pedro 3:15). Para este hermano no le resulta difícil acudir a la Iglesia; al contrario, tanto el niño como el adolescente asisten con alegría a la Casa de Oración y su tiempo lo disfrutan sirviéndole al Señor. Antes de despedirse, concluyó: «Resulta a veces frustrante cuando oímos a algunas personas —la mayoría religiosos— decir: ‘Ustedes adoran a un hombre’ —lo cual no corresponde a la verdad—, cuando en sus congregaciones son dirigidas por líderes —los mormones dicen tener su ‘profeta’, los católicos un Papa, los evangélicos sus pastores, etcétera—. Sin excepción, todos los grupo religiosos tienen líderes que los dirigen, y aun con eso Dios no les permite ver con claridad la bendición que como su Pueblo vivimos a cada momento. «Dios pone como centro la regla qué al mundo le es difícil aceptar: ‘El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió’ (Mateo 10:40). Esta regla es la misma que le dejó al pueblo judío: ‘Y os digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor’ (Lucas 13:35). La Palabra del Señor dice: ‘Bendito el que viene en nombre del Señor’, no ‘bendito el Hijo de Dios’. Es decir, a quien tenían que recibir era al Enviado por el Señor —porque Cristo les dijo que a él no lo iban a volver a ver.—. Por medio de los enviados —apóstoles— iban a recibir a Cristo. «Dice la alabanza que ‘al mundo duro le es creer y recibir al que Dios ha enviado’, pero la Iglesia del Señor canta con regocijo espiritual: ¡Bendita la roca de nuestra salud! Me encuentro feliz de estar nuevamente en casa. Dios les bendiga». Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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¡Vivimos en un tiempo de gracia!: época que los Profetas de la antigüedad anhelaron y no era para ellos Coordinación de Crónica Apostólica).— El lunes 6 de marzo, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, elevó su plegaria matutina al Creador en el templo de la colonia Hermosa Provincia, en Guadalajara. El reloj marcaba las 4:30 de la mañana cuando, acompañado por algunos de sus colaboradores, el Apóstol del Señor ingresó a su oratorio en el interior del templo. Entretanto la oración del justo se elevaba al Creador —a la que se unieron los ministros y la Iglesia que se encontraba en el sagrado recinto, en sus atrios y en sus calles aledañas— se escucharon dos alabanzas del Orfeón local: «Soy yo soldado de Jesús» y «Tiempos de gracia». Al término de su oración, luego de haber orado en favor de su familia, del Cuerpo Ministerial, de la Iglesia universal y de las almas que están ordenadas para vida eterna —además de la oración de adoración al Creador—, el Apóstol del Señor saludó a los integrantes del Coro local y a los hermanos que en el interior y exterior del templo lo acompañaron esta mañana en su plegaria. Bendita la roca de nuestra salud En la puerta de su casa, el Apóstol de Jesucristo platicó con sus colaboradores. Comentó que el segundo himno que el Orfeón de Hermosa Provincia entonó, «Tiempos de Gracia», lo escuchó mientras preparaba el tema que habló en Costa Rica; canto que pidió al Coro costarricense que entonara durante su presentación apostólica, que tuvo lugar en el país centroamericano el domingo 22 de enero de 2017. En dos de las estrofas de este simbólico himno se lee: «Bendita la roca de nuestra salud (…) Desde antes de la Creación estaba el divino plan de ser apartados para salvación, pues somos el Pueblo Santo del Señor… el que Jesucristo restauró (…) Nos une una misma fe, un mismo amor y un gran Apóstol del Señor. «Algunos profetas en su inquietud vivieron buscando con solicitud el tiempo de salvación, de gracia y de aceptación… y el tiempo también de su Restauración. Mas no se les dio a ellos conocer lo que hoy nuestros ojos pueden ver (…) La obra restauradora del Señor hoy se manifiesta por todo lugar, son lluvias de bendición y lluvias de libertad: es el cumplimiento de su voluntad…». En relación con estas estrofas, el Apóstol del Señor agregó: «¡Cuánto indagaron los profetas sobre la sazón de los tiempos! Hay quienes dicen: ‘Cuántos hubiéramos querido haber vivido en el tiempo de Moisés y ser testigos de la apertura del Mar Rojo o de la época de Josué, cuando cayeron los muros de Jericó y los demás testimonios del Pueblo de Israel en la antigüedad’ —cabe decir que aunque las maravillas que Dios hizo en favor de su Pueblo fueron numerosas, solo conocemos las que quedaron registradas en las Sagradas Escrituras. El Apóstol Juan, en el libro de Apocalipsis, escribió sobre el tiempo de gracia que la Iglesia vive en esta época «Los profetas indagaban, inquirían y anhelaban contemplar lo que ahora estamos viendo. La gente se admira porque el Apocalipsis es un libro lleno de profundidades, que habla del fin de los tiempos… Pero no es así, ¡habla de nuestro tiempo! ¡Da testimonio de lo que hoy estamos viviendo! El Apóstol Juan escuchó la voz de Dios —una gran voz como de trompeta— que le dijo: ‘Escribe en un libro lo que ves…’ (Apocalipsis 1:10), y escribió: ‘Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos (…) Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido? Yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero’» (Apocalipsis 7:9; 13-14). En relación con la bienvenida que se les dio a los 147 hermanos —88 hombres y 59 mujeres— que recibieron el Espíritu Santo el pasado domingo en la Hermosa Provincia, el Apóstol Naasón Joaquín comentó: «Ayer nos tocó contemplar una pequeña parte de esa multitud. No es la culminación de la multitud que vio Juan, pero somos testigos de cómo se están uniendo poco a poco esas multitudes que, en un futuro, estarán frente a la presencia del Señor. «En este tiempo de gracia estamos viviendo esas maravillas: ¡Más grandes que ver a un mar que se abre en dos partes! ¡Más grande que ver caer el pan del cielo! ¡Más grande que ver caer las murallas de Jericó! Estas maravillas son mayores porque las almas que se convierten no lo hacen por el convencimiento de la palabra, sino por la obra de Dios en sus corazones. La Obra de Dios que Él manifiesta al mundo para salvación es esta: ‘… que creáis en el que Él ha enviado’ (Juan 6: 29)». En este tenor, comentó el testimonio de Felipe y el eunuco, cuando el primero evangelizó al también funcionario de Candace y este, al experimentar la Obra de Dios en su corazón, pidió ser bautizado en el nombre de Jesucristo (v. Hechos 8: 26-39). En este caso, el eunuco no pudo haber asimilado en dos horas toda la doctrina. Comprendió lo esencial, lo básico y lo importante: lo que él leía y lo que quería saber —el testimonio del libro del profeta Isaías—, por lo que cuando Felipe le dijo que se trataba de Cristo, el Hijo de Dios, el velo le fue quitado por Dios y el etíope dijo: ‘Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó ‘» (Hechos 8: 36-38). Dios, a los que antes conoció, los predestinó para ser llamados y conformar su Iglesia En otro momento, el Apóstol del Señor recordó el testimonio de un hermano que antes de su conversión fue co-pastor de una iglesia pentecostal en Australia —cuya membresía rebasaba los mil miembros—, quien comenzó a asistir a la Iglesia del Señor y reconoció la doctrina. Sin embargo, su familia no lo acompañó en su propósito y fue expulsado de su congregación. Ante esta realidad, dijo: «Quiero comentar algo que no entiendo. Aunque yo no quería venir a esta Iglesia, hay algo que me dice qué tengo que acudir pero no sé cómo explicarlo. Lo único que no puedo aceptar es que el Hermano Samuel Joaquín sea un Siervo de Dios. Yo veo tantos predicadores que se me hace imposible que una sola persona sea la que dirija la Iglesia». Con este hermano platicaron diferentes pastores, y todo lo que le explicaban en relación con la doctrina apostólica lo asentía. Lo único que lo detenía para dar el siguiente paso de su conversión era el reconocimiento al Ministerio Apostólico. En una ocasión, cuando platicaba con uno de los obreros de aquel país, el simpatizante expresó: —Oiga, ¿usted cree de verdad que solamente haya un Apóstol de Jesucristo en todo el mundo? ¿Cree que solo exista uno? —Tiene razón: no debería de así, porque en el tiempo del Señor Jesucristo hubo doce y en esta época la Iglesia es más grande —respondió el obrero. —¿Verdad que si? Yo no puedo aceptar que solo haya uno —insistió el ex pastor evangélico. —Oiga, ¿y usted conoce a otro? —Pues no. —Yo tampoco. ¡Me quedo con el conozco! Cuando el religioso escuchó el razonamiento del obrero, en ese instante Dios abrió su entendimiento para reconocer la Elección Apostólica y sin dilación expresó: «Dígale al Apóstol del Señor que me quiero bautizar», y agregó: «¿Por qué estoy resistiendo lo que es de Dios si es Él el quien me está llamando?». El Apóstol de Jesucristo comentó al respecto: «El testimonio anterior no se debió a la letra sino al Espíritu (v. 2 Corintios 3:6), porque el Espíritu es el que nos da vida (v. Juan 6: 63). Muchos no entienden lo anterior, porque, como dice la alabanza n. 166 ‘…al mundo duro le es creer en un Enviado de Dios’, porque esta Obra no es por razonamiento o por doctrina —porque la misma doctrina también se le predica a los gentiles—, esta es la obra de Dios y Él ya tiene los que han de ser suyos. Él nos envía a predicar y nos dice: ‘Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen (…) Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen’ (Juan 10:14, 27). «Ya se encuentran los que están señalados por el Señor, los que Él conoció desde antes de la fundación del mundo. ¡Él los conoce desde antes y no se equivocó! (v. Efesios 1:4). Cuando un obrero toca una puerta donde se encuentra una leyenda que dice: ‘Este hogar es católico y no se admite propaganda religiosa’, y comienza a predicar a las personas que Dios ya conocía desde antes que ellas nacieran, se comienza a manifestar en aquel hogar la Obra de Dios: el hombre adúltero, alcohólico, adicto a las drogas, irresponsable… experimenta una transformación al abrazar la fe. Y es que, por ser predestinado, el Señor les tenía preparada esta bendición (v. Romanos 8: 28-30). «Por lo anterior, al hombre duro le es creer en el que Dios ha enviado. Algunos preguntan: ¿Por qué aceptan al Hermano Naasón? No, nosotros no buscamos esta bendición: fue Dios el que puso el sentir en nuestros corazones e hizo su Obra perfecta (Juan 6: 29). Estas manifestaciones las hemos contemplado en las visitas que asisten a las Escuelas Dominicales de evangelización, cuando se preguntan: ¿Qué está pasando? ¿Por qué lloro? Lo que ellos no entendían, nosotros, por la gracia de Dios, lo entendemos y les explicamos: esta es la bendición de Dios. «El que no está predestinado, no puede entender nuestro lenguaje. Le explicamos y por más que nos ponga atención, oyendo no oye. Pero cuando le predicamos al que está predestinado, este se regocija y dice: ¡Qué hermosa doctrina! ¡Cuántas veces leí este pasaje bíblico y nunca lo entendí, pero ahora lo veo tan claro…! Estos son los predestinados, los que que Dios tiene ordenados para vida eterna. Oyeron la voz del buen pastor e inmediatamente se identificaron. Algunos se quieren resistir, pero llega el momento en que el Señor les dice: ‘Tu tiempo ha llegado’, y en ese momento dan el primer paso de obediencia: el bautismo». A nivel mundial, la Iglesia rebosa de alegría y sigue adelante Y agregó: «Hay quienes sufrieron la separación y no lograron superarla. Todavía viven esperando una maravilla, un cambio de dirección administrativa de la Iglesia… mientras ellos sufren la separación, la iglesia sigue feliz, contenta, gozosa, satisfecha, manifestando a cada momento su alegría, creciendo… Ellos ya se quedaron en el camino y la Iglesia sigue avanzando con pasos agigantados, llena de emoción. El hecho de que los coros canten en las plazas y las calles, los jóvenes salgan a la obra y que toda la Iglesia esté en movimiento, no es otra cosa que la manifestación de un Pueblo feliz, contento, alegre y satisfecho con la voluntad de Dios y que permanece firme y adelante. «En contraste, los qué decían que eran miles y los que les ‘seguían’, ¿dónde están? Mientras que en la Iglesia del Señor, son miles los que visiblemente salen todos los días por todo el mundo a evangelizar… ¡Bendita la roca de nuestra salud!, porque en su voluntad nos quiso abarcar en esta época de dispensación, en este tiempo de gracia. No por obras, sino por su misericordia». En otro momento, el Apóstol Naasón Joaquín comentó que él vive la misma emoción que experimentó en su tiempo el Apóstol Samuel Joaquín, quien por medio de la fe contemplaba, a semejanza de Esteban, los cielos abiertos y al hijo de Dios sentado a la diestra del Padre (v. Hechos 7:56). Muchos de los santos, también por la fe, han visto ese lugar que nos espera y anhelan un día estar en esa morada celestial. Para ello, sin embargo, debemos ser fieles a Dios hasta el último aliento. Y agregó: «Para el que hermano vive agradecido con Dios, el ser miembro de la Iglesia la Luz del Mundo no implica un carga; por el contrario, experimenta en ello una profunda satisfacción. El que es miembro de la Iglesia todo lo hace con alegría, porque ha comprendido el propósito de Dios para él. El que no tiene entendimiento, todo le que hace la causa malestar». Dedicar mayor empeño y tiempo en la instrucción de los niños y los jóvenes: encomienda apostólica al Cuerpo Ministerial Instó a los ministros para que redoblen el cuidado y la instrucción entre los niños y adolescentes, ya que a pesar de que la mayoría nacieron en la Iglesia, necesitan adquirir el conocimiento doctrinal para cimentar su fe. Quien no tiene la enseñanza arraigada le resulta difícil asistir a la Iglesia… porque no ha comprendido la doctrina. Indicó que los ministros deben redoblar esfuerzos y dedicar mayor tiempo en impartir estudios y temas doctrinales a la Iglesia. Narró el testimonio de una joven universitaria que un día sostuvo un diálogo con uno de sus profesores, cuando este quiso evidenciarla ante sus compañeros de clase al afirmar que ella pertenece a una «secta» en donde obligan a todas las mujeres a vestir de largo. La hermana pidió la palabra y le respondió: —Maestro, en primer lugar quiero decirle que está usted equivocado. Yo estoy estudiando mi carrera de leyes y eso quiere decir que tengo capacidad e inteligencia. Mis calificaciones dan testimonio de ello. —Bueno, es yo te veo que siempre vienes a la escuela vestida con falda larga —espetó el profesor. —Si visto de esta manera es porque así quiero. He entendido que conforme a la doctrina al Señor a Él le agrada que yo vista honestamente y yo he decidido vestir así. Es mi decisión y usted no tiene derecho a cuestionar mi decisión. —No, yo respeto tus creencias. —No, usted me está diciendo que en mi mi Iglesia me obligan a vestir de falda larga y eso no es cierto. Con esta actitud me está coartando mi libertad. —No me quiero meter en problemas. Yo respeto todas las religiones… —Eso no es cierto. Usted me está exhibiendo con mis compañeros de clase. Me está haciendo sentir mal. Yo lo respeto y usted no me está respetando a mi, porque esa decisión de vestir honestamente la tomé con plena libertad. Me precio de ser una persona inteligente y capaz. No soy ninguna persona ignorante. —No, yo con la religión no me meto… —Sin embargo, no solo se está metiendo: me está atacando, se está burlando de mi fe, de mis creencias, y mis costumbres… Comentó que, tomando como referencia el testimonio anterior, cuando el joven tiene pleno conocimiento de la doctrina y la fe, se defiende ante cualquier embate o pregunta sobre su esperanza (v. 1 Pedro 3:15). Para este hermano no le resulta difícil acudir a la Iglesia; al contrario, tanto el niño como el adolescente asisten con alegría a la Casa de Oración y su tiempo lo disfrutan sirviéndole al Señor. Antes de despedirse, concluyó: «Resulta a veces frustrante cuando oímos a algunas personas —la mayoría religiosos— decir: ‘Ustedes adoran a un hombre’ —lo cual no corresponde a la verdad—, cuando en sus congregaciones son dirigidas por líderes —los mormones dicen tener su ‘profeta’, los católicos un Papa, los evangélicos sus pastores, etcétera—. Sin excepción, todos los grupo religiosos tienen líderes que los dirigen, y aun con eso Dios no les permite ver con claridad la bendición que como su Pueblo vivimos a cada momento. «Dios pone como centro la regla qué al mundo le es difícil aceptar: ‘El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió’ (Mateo 10:40). Esta regla es la misma que le dejó al pueblo judío: ‘Y os digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor’ (Lucas 13:35). La Palabra del Señor dice: ‘Bendito el que viene en nombre del Señor’, no ‘bendito el Hijo de Dios’. Es decir, a quien tenían que recibir era al Enviado por el Señor —porque Cristo les dijo que a él no lo iban a volver a ver.—. Por medio de los enviados —apóstoles— iban a recibir a Cristo. «Dice la alabanza que ‘al mundo duro le es creer y recibir al que Dios ha enviado’, pero la Iglesia del Señor canta con regocijo espiritual: ¡Bendita la roca de nuestra salud! Me encuentro feliz de estar nuevamente en casa. Dios les bendiga.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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Ivan Hernández

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