El trabajo espiritual: el mejor homenaje al Apóstol Samuel Joaquín.

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Noviembre 30, 2015

El lunes 30 de noviembre, cuando el reloj marcaba las 4:25 de la mañana, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, acudió al templo de la colonia Hermosa Provincia a elevar su plegaria al Creador.

Le acompañaron en su oración, 21 ministros y centenas de hermanas y hermanos, tanto de la Iglesia local como de las congregaciones de las 43 colonias de la Zona Metropolitana de Guadalajara, quienes con antelación esperaban este sublime momento en las calles aledañas del templo y en sus atrios.

El Coro de Hermosa Provincia, como cada mañana, acompañó al Apóstol de Jesucristo en su oración intercesora en favor de la Iglesia del Señor esparcida por el mundo. A la par, los ministros y la Iglesia congregada hicieron lo propio, mientras se escuchaban las bellas notas de los himnos: “Tuyo soy Jesús”, “A solas al huerto yo voy” y “Junto a ti”.

A las 4:35 de la mañana, al término de su plegaria, el Apóstol del Señor saludó a los integrantes del Orfeón local: “Dios les pague por acompañarme. Dios les bendiga, hermanos”, expresó. Al salir, las hermanas y hermanos que se encontraban en los atrios y en la glorieta, le saludaron con singular regocijo, siendo correspondidos con los deseos de parabienes y bendiciones apostólicas.

El recuerdo de los apóstoles: sin lágrimas, lamentos o añoranzas

En la puerta de su casa, el Apóstol platicó con los ministros presentes, con quienes abordó diversos temas. “Es muy bonito que le Iglesia comprenda que no hay mejor manera de recordar a los grandes apóstoles que con los hechos, con el trabajo. Lo digo porque el sábado [28 de noviembre], desde la azotea de mi casa, contemplaba a los grupos de hermanos de Hermosa Provincia que se alistaban para salir a la obra espiritual”, recordó.

Y añadió: “¡Qué bonito! Con ello estamos recordando al Apóstol de Jesucristo Samuel Joaquín cómo él quería que lo recordáramos, no con lágrimas, ni con lamentos, ni con añoranzas… Muchas veces nos lo dijo: ‘Cuando yo no esté, allí están los jóvenes, mis hijos y la Iglesia quienes van a seguir adelante levantando el Pendón de Cristo’. ¿Qué significa seguir adelante? Que la Iglesia no se iba a detener ni se iba a quedar estancada en lágrimas y lamentos. Él nos lo recordaba siempre: ‘A donde yo voy no es ningún lugar de fracaso: es una meta a la que todos aspiramos llegar algún día’ –no a la meta final, el reino de los cielos, por qué cada quien está trabajando para llegar a ella, la cual será la morada definitiva–.

“En nuestra fe y amor, queríamos que el Apóstol Samuel Joaquín nos entregará en los brazos del Señor, en tanto no teníamos otro conocimiento, porque desconocíamos en aquel momento el designio divino. Todos deseábamos que Dios comprendiera nuestra petición y le clamábamos: ‘Señor, guárdale la vida hasta qué tú vengas’, pero el Apóstol ya sentía que sus fuerzas empezaban a menguar. Semejante al Apóstol Pablo cuando en su tiempo se le manifiesta que entraría un inicuo que engañaría al mundo y a muchos de los escogidos, y que él –el Apóstol Pablo– iba ser quitado de en medio (2ª de Tesalonicenses 2:7), e iba a entrar el tiempo de la oscuridad.

“A diferencia de lo anterior, Dios no le hizo sentir al Apóstol Samuel que iba a venir un tiempo de oscuridad; al contrario, él siempre dijo: ‘Cuando yo falte, los jóvenes se levantarán y seguirán levantando el Pendón de Cristo. Mis hijos seguirán adelante, la Iglesia seguirá adelante…’”.

El recuerdo de los apóstoles no se limita a una fecha específica

A unas horas de que el mes de diciembre inicie, y la Iglesia Universal celebre la manifestación gloriosa del Llamamiento del Apóstol Naasón Joaquín, algunos se preguntarán: ¿Qué se va a hacer para honrar al Apóstol Samuel Joaquín? Ante esta interrogante, el Apóstol del Señor fue categórico: “Lo mismo que estamos haciendo todos los días; lo que está haciendo cada joven, cada doncella, cada hermano, cada hermana: trayendo una visita a la Iglesia. Con este trabajo se está recordando al Apóstol Samuel y está recordando al Apóstol Aarón –sin limitar este recuerdo a una fecha específica–, y esto representa una grande satisfacción… pero no vamos a hacer una velada luctuosa”.

Y abundó: “¿Se va a hacer velada luctuosa? No. No voy a recordar a mi padre con lágrimas, tristeza o lamentos. Lo vamos a recordar cómo él quiso que lo recordáramos: firmes y adelante, con alegría; y así poder decir: ese es el legado del Apóstol Samuel Joaquín; ese es el legado del Apóstol Aarón Joaquín; y también, en la actualidad, se está viviendo el legado del Apóstol Naasón Joaquín.

“¿Por quién vamos a llorar, si la Iglesia no es de luto? El Apóstol Samuel Joaquín quiso celebrar el recuerdo del deceso del Apóstol Aarón Joaquín, en el amor que sentía por su padre, pero esto, para algunos, se convirtió en ‘fiestas institucionales’, es decir, ‘fiestas obligadas’ que limitaban su libertad. ¡Cómo se iba a ir de gira un 6 de abril y andar fuera en un lugar del mundo! ¡‘Tenía que estar’ aquí!, expresaban quienes nunca reconocieron y aceptaron su Elección, por lo que durante 47 años estuvo recordándolo… El haberlo hecho en un principio por amor, se convirtió posteriormente en una atadura, cuando él era libre —no en la libertad del pecado, sino de sus derechos, que no le permitían estar encadenado—”.

La libertad de los Apóstoles de Jesucristo

En relación con la libertad de los Apóstoles, tanto los de la Primitva Iglesia Cristiana como los contemporáneos, refirió: “¿Cuándo habló el Apóstol Pedro del ministerio del Apóstol Pablo o viceversa? ¿Eran egoístas? No, no lo eran, simplemente cada quien tenía una jurisdicción particular en su trabajo misionero.

“En el caso de la Iglesia Primitiva –la del primer siglo– qué impactante fue para los apóstoles oír que Pablo también obraba con la misma autoridad, que hacía milagros en el nombre de Jesucristo, que predicaba la misma enseñanza… Y es que el Señor no le reveló a los apóstoles que Él le había hablado a Pablo, porque las diestras de compañía no se las dijo por revelación de Jesucristo: se las dieron hasta que los apóstoles entendieron y se convencieron de que todas las señales, las visiones y las manifestaciones de apóstol le fueron dadas también a Saulo de Tarso.

“Fue, entonces, en la segunda venida del Apóstol Pablo, cuando él y los apóstoles primitivos se dieron las diestras de compañía, ya que en la primera reunión –donde se había reunido con Pedro y otros apóstoles– no le dieron las diestras, solo lo recibieron para escucharlo, y él mismo relata: ‘Nada nuevo me comunicaron’ (Gálatas 2:6). ¿Qué pasó en la segunda reunión? Salieron los Apóstoles completamente de acuerdo, no tuvieron que enseñarle nada a Pablo, porque todo lo que él les había platicado, las señales y las manifestaciones, no las había aprendido en la Ley: Cristo se lo había dado directamente por revelación (Gálatas 1:12).

“Las señales del Apóstol Pablo, no consistían solamente en lo que él decía: era también la fuerza del testimonio. En el testimonio de mi Elección, más allá de lo que he dicho, basta ver la reacción de todo el Pueblo: ustedes creen que de verdad pude haber convencido a los hermanos, uno por uno, aquí, en Argentina, en Europa o en Australia… No. ¡Esta Obra la hizo Dios en los corazones!”.

El justo juicio de Dios

En otro momento, el Apóstol Naasón Joaquín citó un fragmento de su primera carta, fechada el 20 de diciembre de 2014, de lo cual expresó: “Yo escribí del Apóstol Samuel Joaquín que ahora él pertenece a los inmortales que están con Cristo Jesús. […]. Quien le revelaba qué hacer y cómo hacerlo, ahora le revelaba cómo es el lugar donde irán a morar los santos: el palacio celestial que Dios el Padre y su hijo Jesucristo habitan, en donde preparó un lugar para él, para ya no separarse nunca jamás”.

“En el Seno de Abraham las almas de los redimidos que ahí se encuentran no están diciendo: ‘¡Hasta cuándo nos harás juicio!’, sino ‘¡Hasta cuando nos harás justicia!’ (Apocalipsis 6:9-11). Es decir, no se van a enfrentar los que están en el Seno de Abraham a un juicio, puesto que el juicio ya lo vivieron aquí en la tierra –con su conducta y testimonio–, que es el justo juicio de Dios para sus hijos. Los impíos serán los que reclamarán y dirán: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’ (Mateo 7:21-23), entonces Él declarará: ‘Nunca os conocí. ¡Apartaos de mí, hacedores de maldad!’.

“Reitero: para los hijos de Dios aquí en la tierra fue su juicio; en el transcurso de su vida; por eso están clamando en el cielo: ‘¿Hasta cuándo nos harás justicia?’, por qué ya pasaron el juicio de Dios aquí en la tierra”.

La misericordia de Dios es para sus hijos

En el contexto anterior, agregó: “Cada año nos paramos en la balanza, cada agosto venimos ante el Señor y nos presentamos avergonzados; pero bendito sea el Señor que estableció en la tierra el Ministerio de la Reconciliación (2ª Corintios 5:18), para que año tras año el Pueblo sea reconciliado.

“Ante esta gracia divina, dicen los impíos: “Qué aparcero…”, sin embargo no es así. Nuestro Dios no es aparcero: es misericordioso…Y no para los impíos es misericordioso, sino para sus hijos. Así lo dice el profeta Malaquías: “Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve” (Malaquías 3:17). En suma, Dios es misericordioso, amoroso, bondadoso y piadoso para con sus hijos.

“Recordemos que una vez cae el impío y no se vuelve a levantar, pero el hijo de Dios cae una vez y vuelve a levantarse, y no solo siete veces (Proverbios 24:16), sino hasta setenta veces siete (Mateo 18:22), por qué Dios no es aparcero: es amoroso, porque somos sus hijos”.

Y dijo Dios: “Naasón, ¡tú estarás al frente de este grande pueblo, y si hoy lo ves grande, yo lo voy a multiplicar aún mucho más”

El Apóstol de Jesucristo, en otro momento, trajo a la memoria lo siguiente: “El 14 de agosto de 2014, durante la Santa Cena, el Apóstol Samuel Joaquín pidió la alabanza “A solas al huerto yo voy”, una alabanza que conocía bien. Sin embargo, expresó en el canto otras palabras que él en ese momento estaba viviendo, porque a semejanza de Esteban, se encontraba delante de Dios. ¿Se había olvidado el Varón de Dios de esta alabanza? No. Conocía bien la alabanza porque a él le gustaba. ¿Por qué le cambio la letra? Porque al cantarla era una forma de expresar cómo estaba experimentando aquel glorioso momento.
“El 9 de junio de 2014, el Apóstol Samuel Joaquín sintió la preocupación que había en la Iglesia y nos confortó al decir: ‘Tengan la confianza en lo que su hermano les está hablando y les está pronosticando, lo que les está diciendo que va a suceder. ¿Qué va a sucederos? Sois hijos de Dios. ¿Qué va a pasaros? Que tendréis bendiciones en abundancia. ¿Qué vais a sentir? Que la gracia de Dios es con vosotros. Porque sois hijos de Dios, muy bendecidos, y seréis engrandecidos’.

“A los grandes Apóstoles se les recuerda con trabajo todo el tiempo, con sus deseos, lo que ellos nos predicaron: no alabando los sepulcros. Dios me permite iniciar mi ministerio en diferentes circunstancias: el Cuerpo Ministerial, iniciando por los pastores, me dicen: “Aquí estamos con usted”, y no sólo con sus palabras, sino con sus hechos, así que por qué estar sujetos a un temor que ya no existe…

“Cuando yo hablé este tema hace unos días con todos los pastores (11 de noviembre de 2015, Silao, Guanajuato), ellos me dieron sus diestras no solamente de compañía, sino de apoyo y de respeto. Todos quieran hablar y dar su punto de vista y solamente permití a cuatro hermanos.
“Habrá quien diga que lo quiero olvidar, pero está en su trabajo dando testimonio que no lo he olvidado ni un solo momento y como lo dije ayer, lo digo hoy, ni en una sola presentación he dejado de recordar el trabajo que ha hecho mi padre, en esta Iglesia, y no he dejado de reconocerlo, porque Dios me dijo: ‘Naasón, ¡tú estarás al frente de este grande pueblo, y si hoy lo ves grande, yo lo voy a multiplicar aún mucho más!’.

“Dios también nos alegra, pues no estamos de luto, porque en cada lugar habrá una semillita de cizaña, es natural que el enemigo lo ponga, pero más fuerte es el que está entre nosotros. No tenemos porqué intimidarnos o tener temor. ¿Por qué no debemos de tener miedo? Todo lo contrario, hermanos”.

La esperanza de los hijos de Dios

Antes de despedirse de los ministros, les dijo: “En el Seno de Abraham, adonde llegó el alma del Apóstol de Jesucristo –como la de todos los santos que fueron redimidos–, ahí el espíritu no tiene los sentimientos carnales, del recuerdo, del amor carnal, de la enfermedad… ahorita nada más nos está esperando, sabe que llegaremos porque se le está recordando también que todavía no está completado el número de sus consiervos, de los redimidos. Y esa es nuestra esperanza, que algún día llegaremos y nos volveremos a ver… Ya no será Samuel mi padre, ni seré más su hijo… Ya no seremos hermanos, pero sí nos vamos a reconocer, pero nos vamos a ver diferentes, por eso aquí en la tierra estamos ensayando y nos decimos los unos a los otros: hermanos.

“¿Sabremos quién es Samuel Joaquín? Sí. ¿Sabremos quién es Pablo Valdés? Si. ¿Sabremos quién es Elisa Flores? Si. ¿Sabremos quiénes eran cada uno de los santos? Si… Así como los Apóstoles supieron quiénes eran Moisés y Elías. ¿Los conocieron? Transcurrieron muchos siglos, pero no los conocieron. Y aunque físicamente nunca los vieron, hay algo que les hizo sentir que eran Moisés y Elías.

“Eso es lo que nos espera nosotros, esa es nuestra esperanza: ¡Bendita esperanza! ¡Seremos como ángeles (seres espirituales), y en el reino de los cielos no habrá esposo, ni esposa, ni hijo, ni hija, ni hermano, ni hermana, ni amigo… seremos todos hijos de Dios”.

Al término de este consejo, se despidió paternalmente de los ministros: “Dios les bendiga, hermanos. Pasen a la Casa de Oración a darle a Dios la honra, la alabanza y la adoración”.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

Fuente: Crónica Apostólica.

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Ivan Hernández

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