Search

La educación laica en el contexto de la diversidad

3370
Por Sara S. Pozos
El pasado martes por la tarde, el presidente Enrique Peña Nieto recibió en la Residencia Oficial de Los Pinos a los integrantes de la Presidencia y del Consejo Permanente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, quienes le expresaron su reconocimiento “por las reformas estructurales aprobadas en lo que va de su gestión y por los avances que en materia de seguridad se han logrado, como lo muestra la aprehensión de quienes encabezaban varios grupos delincuenciales”.
Estos avances –como se considera la detención del Z-42, de La Tuta, de El Chapo y de varios capos más– serán pronto del conocimiento del papa Francisco, quien por comentarios de los obispos de México sabía que en nuestro país “la cosa está de terror”, situación que lo impulsó a expresar, en carta privada dirigida al legislador argentino Gustavo Vera: “ojalá estemos a tiempo de evitar la mexicanización”, en referencia al avance del narcotráfico en Argentina. Digo que pronto lo sabrá porque en el encuentro de los obispos con el Jefe del Ejecutivo Federal estuvo también el nuncio apostólico, Christophe Pierre, quien tiene el deber de mantener informado al papa Francisco de sus actividades en nuestro país.
Sé perfectamente bien que el reconocimiento de los obispos a los esfuerzos del gobierno federal para disminuir la violencia derivada del narcotráfico, no acallará sus voces. Ellos seguirán diciéndole a la gente y a las autoridades que los elevados índices de violencia en México son consecuencia de la falta de valores en la educación, un tema que han puesto sobre la mesa varios obispos en las últimas semanas.
Para muestra el siguiente botón: el pasado 7 de marzo, el arzobispo de León, Guanajuato, Alfonso Cortés Contreras, señaló en rueda de prensa que existe en la actualidad “una emergencia educativa en el país; la violencia, la injusticia, la corrupción, la falta de paz en la sociedad es fruto de la ignorancia”. Ahí mismo, anunció la realización del evento “Encuentros de Educación y Cultura ante un Mundo que cambia”, mismo que se desarrollará del viernes 13 al 19 de marzo, encabezado por el nuncio Christophe Pierre.
De acuerdo con el programa de actividades del evento, publicado en el sitio web de la Arquidiócesis de León, el tema central será “Educar en un cambio de época”, en el marco del cual se presentará el documento de la cúpula episcopal “Educar para una nueva sociedad. Reflexiones y orientaciones sobre la educación en México” (http://www.cem.org.mx/i/uploads/EDUCAR_PARA_UNA_NUEVA_SOCIEDAD_LibroCOMPLETO.pdf).
Rodolfo Echeverría Ruiz, ex presidente de la Fundación Colosio A.C., define el documento antes mencionado como “un catálogo de alegatos políticos bajo el palio de un pretendido orden teológico, antropológico e histórico, destinado a fundar su obsesión de volver a controlar la enseñanza en México” (El Universal, 23 de noviembre de 2012).
“Educar para una nueva sociedad” pugna por la educación religiosa en los establecimientos de educación pública, lo que constituye un atentado al carácter laico de la educación. El siguiente párrafo del documento eclesial confirma mi aseveración: “Queda un largo camino para cambiar no sólo algunas leyes, sino la mentalidad de los responsables de la política educativa en orden a garantizar y respetar las libertades para todos y el derecho primario de los padres a la educación de sus hijos” (pág. 38).
En la página 98, los obispos llaman al Estado a “respetar y promover el derecho de los padres a educar a sus hijos de acuerdo a sus convicciones éticas y religiosas”, restándole importancia a la composición religiosamente plural del pueblo mexicano.
Los obispos de México no pueden, bajo ningún argumento, imponerle al Estado obligaciones que entran en contradicción con el artículo 3° constitucional, el cual plantea que la educación que imparte el Estado “será laica y, por tanto, se mantendrá por completo ajena a cualquier doctrina religiosa”. Este ordenamiento jurídico, que está en la mira de la jerarquía católica desde la promulgación de la Constitución de 1917, prohíbe que la educación oficial se impregne de elementos religiosos, pues al hacerlo, el Estado deja de ser el representante de una sociedad religiosamente plural, y se convierte en el representante de una confesión religiosa en particular.
Por último, deseo dejar en claro que la violencia que afecta a varios estados de la República Mexicana, y que es practicada por individuos sin valores, no es consecuencia de la educación laica que imparte el Estado, como algunos clérigos intentan hacernos creer. Esta violencia es el resultado de lo que se ha dejado de hacer en el seno familiar, donde los padres de familia pueden instruir religiosamente a sus hijos, sin que la ley se los impida. Los ministros de culto, en cumplimiento a su labor pastoral y en apoyo a las familias que pastorean, pueden y deben hacer este trabajo de instrucción religiosa en los templos y demás espacios destinados al culto y a la instrucción religiosa. Puede haber quien se pregunte: ¿y por qué no en las escuelas públicas? Porque los establecimientos oficiales de educación no han sido creados para la discriminación, sino para la convivencia escolar armónica de niños y niñas con diferentes convicciones religiosas o sin ellas, algo que sólo es posible en las escuelas que imparten educación laica.
Publicado en El Mexicano, el 12 de marzo de 2015

 




Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *