Juventud: Buen tiempo para aprovechar los consejos

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El recibir y dar consejos es una experiencia de todas las personas. Comenzando por nuestra niñez, pasando por la adolescencia y la juventud. Siempre que hay alguien más grande o con mas trayectoria en la vida, hemos de recibir alguna indicación.

En nuestra juventud, pensamos que al llegar a la edad madura terminaríamos con una práctica que para la gente joven se convierte muchas veces en algo tedioso. Ahora, con unos cuantos años más nos damos cuenta que el “aconsejamiento” es una práctica siempre vigente.

No renegamos de los consejos, los hemos recibido en cantidad y muy buenos, con toda seguridad nos hubiéramos evitado muchos problemas si los hubiésemos puesto en práctica. La Biblia nos enseña acerca del valor de los consejos, Salomón decía “Cuando falta el consejo, fracasan los planes; cuando abunda el consejo, prosperan” (Prov. 15:22 NVI).

Ahora bien, sucede que las personas son muy reacias a recibir consejos. En ese sentido quisiéramos apuntar dos motivos fundamentales: por una parte la actitud de los jóvenes y por otra la actitud de los mayores; ya que todos tenemos algo que ver en esta situación.

Un buen ejemplo de lo que les sucede a los jóvenes, lo hallamos en la parábola del hijo pródigo. Allí podemos observar a un joven impaciente, que deseaba independencia, como una forma de ser feliz. En términos generales, cualquier chico o muchacho que se encuentre por tomar esta determinación en su vida, recibe un consejo o amonestación por parte de sus padres. Probablemente, por la descripción del carácter que nos hace el Señor Jesús acerca de este padre, el joven hijo pródigo no tuvo escasez de consejo. No obstante lo vemos hacer su propia voluntad.

Esta es una cuestión muy curiosa del ser humano. Muchas veces el deseo de hacer cosas o tomar decisiones, es mas fuerte que todas las advertencias juntas. Este es un proceso que se observa con claridad en la juventud, pero que también se manifiesta en todas las etapas de la vida. Pensando en los proverbios de Salomón, encontramos una lección más: “El prudente ve el peligro y lo evita, el inexperto sigue adelante y sufre las consecuencias” (Prov. 22:3 NVI). Un signo de sabiduría o prudencia, es poder advertir el peligro y evitarlo, este es un proceso en el cual indefectiblemente necesitamos la orientación o el consejo que nos permita darnos cuenta de la situación peligrosa. ¡Gracias a Dios, porque siempre presenta señales en nuestro camino!, por medio de su Palabra y por el consejo de hermanos que nos guían para que no erremos.

También es bueno poder observar el problema desde el punto de vista de aquel que da un consejo. Pablo escribe en este sentido a Tito en cap. 2:6-8. Le pide que recomiende a los jóvenes a ser prudentes o sensatos. Esta es una recomendación muy valiosa, porque los ímpetus y desafíos de la juventud hace que muchas veces no seamos prudentes, sino que nos precipitemos en nuestras decisiones. Ser prudentes es un consejo inobjetable. Ahora bien, fijémonos que Pablo hace un gran hincapié en el respaldo moral y espiritual del consejero.

Ese respaldo a que Pablo hace referencia, se compone de dos aspectos fundamentales: primeramente ejemplo de vida demostrada a través de buenas obras, luego una enseñanza avalada por la integridad, la seriedad y un mensaje bien fundamentado.

Así que, es muy bueno tener capacidad y conocimiento para dar un correcto consejo, pero notamos que sin el respaldo moral y espiritual, tal vez lo que estamos consiguiendo es todo lo contrario a lo que dictan nuestras buenas intenciones.

Como dijimos al comienzo, a lo largo de toda nuestra vida hemos escuchado cantidad de consejos, muchos y muy buenos, y con buenas intenciones; pero en algunos casos sin ningún respaldo de vida. ¿Eso produce un rechazo por parte del joven de todo lo recibido?. En algunos casos termina siendo una enorme piedra de tropiezo, ya que la falsedad e hipocresía colaboran en apartar del camino al hermano que anda en dificultades espirituales. En otros casos, un consejo sin respaldo, es algo mas de lo mucho que se escucha. Pero quisiéramos dar nuestro testimonio de nuestra experiencia, los buenos consejos dados por buenos hermanos, fueron los que nos orientaron en nuestra vida, y los que nos sirvieron de dura reprensión cuando erramos el camino.

Hay un atributo de Dios que no siempre se mencionan en los libros de teología, y sin embargo se puede observar claramente: el equilibrio. Nuestro Dios es así, armonía, equilibrio en su persona y en el universo creado por Él. Los creyentes debemos imitar esta característica divina en todas nuestras relaciones: familia, trabajo, amistad, iglesia, y también en el arte de aconsejar y en la disposición para ser aconsejado.

Queridos hermanos jóvenes, tienen por delante un enorme desafío a lo largo de sus vidas, si el Señor no viene antes: el ser luminarias en este mundo, y vivir vidas de compromiso con Él a contramano de lo que dicta el sistema mundo gobernado por Satanás. En ese sentido, la Palabra de Dios nos llama a fortalecernos en el poder de la fuerza del Señor (Ef. 6:10), también hallamos en ella que Él nos ha dejado su Santo Espíritu para que nos guíe a toda verdad (Jn. 16:33), pero también observamos que nos ha provisto de la exhortación oportuna a través de hermanos que con sabiduría e integridad nos aconsejan como en el caso citado de Tito. No dejemos caer en saco roto la amonestación pertinente que tiene por fin orientarnos; la soberbia y el orgullo cierran el corazón y la mente, y ese es el gran fracaso del cristiano, no importa cual sea su edad.

Queridos hermanos mayores es buena la experiencia, y muy buena la intención de transmitirla a aquellos que nos siguen, pero no olvidemos la exhortación de Pablo a Tito. Tal vez lo podamos parafrasear de esta manera: Un buen consejo, dado por un buen consejero, será una eficaz herramienta en la vida del aconsejado.

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