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Estado laico, a propósito del aniversario de la constitución

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 Por Armando Maya Castro

Ahora que el Partido Acción Nacional (PAN) es oposición, pide a los jerarcas de la Iglesia católica ocuparse de lo espiritual, no de la política, desestimando así los recientes cuestionamientos que la arquidiócesis de México publicó en el semanario católico Desde la Fe, en relación al “escandaloso financiamiento y la descomunal asignación de recursos a los diez partidos políticos nacionales”.
Comparto con usted, estimado lector, las declaraciones del presidente nacional del PAN, Gustavo Madero Muñoz, en respuesta a la editorial “Derroche de dinero a costa del pueblo”, publicada el pasado 1 de febrero en el órgano de difusión arquidiocesano antes mencionado: “Yo respeto mucho lo que opinen (los jerarcas católicos), sobre todo de temas de su competencia, que son los temas de materia espiritual, más que de materia política, que creo que no le corresponde mucho” (Milenio, febrero 2 de 2015).
Al escuchar las palabras de Madero Muñoz nos preguntamos: ¿Por qué el PAN no hizo este tipo de llamados a los jerarcas católicos en los doce años que ese organismo político estuvo en el poder? Y lo pregunto porque la intromisión de algunos jerarcas católicos en temas políticos no es algo que se esté dando en la presente administración. Esta injerencia se dio de manera continua y sin tapujos en los sexenios de los panistas Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa.
En esas dos administraciones, los gobiernos panistas reactivaron el poder de la Iglesia católica en asuntos del Estado Mexicano y le permitieron opinar de todo y sobre todo. Para lograr tal apertura, la derecha –en ese tiempo en el poder– llegó a gestionar reformas constitucionales para que se concediera plena “libertad de expresión y de voto activo a los ministros de culto, como ciudadanos de la República”. Cuando tuvieron lugar este tipo de maniobras, y la jerarquía católica opinó con dureza sobre diversos temas políticos, nada dijo la dirigencia panista de la época, como tampoco dijo nada cuando Calderón Hinojosa intentó “guadalupanizar” por decreto a la totalidad de los mexicanos.
El día de hoy, en que los mexicanos celebramos el 98 aniversario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, es importante recordar que esta Carta Magna, signada en Querétaro el 5 de febrero de 1917, ratificó, en los artículos 3°, 5°, 27 y 130, los preceptos de la Constitución de 1857 en materia religiosa.
El 23 de septiembre de 1873, se adicionaron a esta Constitución las Leyes de Reforma expedidas por Benito Juárez en el puerto de Veracruz, con el propósito de “organizar jurídicamente a la nación en un Estado republicano, federal, representativo y democrático, anulando la intervención de la Iglesia y de cualesquiera otras corporaciones en la vida económica, social y política de México”, señala el extinto Vicente Lombardo Toledano en su libro “Benito Juárez: El tiempo agiganta su figura”.
Lamentablemente, las corrientes más conservadoras de México, entre ellas el Partido Acción Nacional, han violentado en repetidas ocasiones la Constitución de 1917. Al impulsar reformas como la del artículo 24 constitucional, procuraron la demolición del Estado laico y el retorno del Estado confesional, vigente en la época pre-juarista, en la que los mexicanos vivieron sometidos a un régimen que otorgaba a la Iglesia católica todo tipo de privilegios; un régimen que promovió la intolerancia religiosa al declarar al catolicismo como religión única, sin tolerancia de ninguna otra.
Por este tipo de acciones, y por las gestiones de la jerarquía católica en materia de reformas constitucionales, es importante que, en este aniversario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, cada uno de nosotros tome conciencia sobre la imperiosa necesidad de realizar mayores esfuerzos para preservar incólume el Estado laico, considerado por los expertos en la materia como el instrumento jurídico y político que garantiza el ejercicio de la libertad de conciencia mediante el respeto de las convicciones de cada ciudadano.
Tengamos presente que nuestra Carta Magna, uno de los logros más importantes alcanzado en el marco de la Revolución Mexicana, ratifica el compromiso del Estado mexicano de que los funcionarios públicos realicen su labor al margen de la religión, y que en las escuelas públicas se otorgue a los niños y jóvenes de México educación laica, definiendo a ésta como aquella que se mantiene “por completo ajena a cualquier doctrina religiosa”.
Twitter: @armayacastro
Publicado el 5 de febrero de 2015 en El Mexicano
http://www.el-mexicano.com.mx/informacion/editoriales/3/16/editorial/2015/02/05/823594/en-plan-reflexivo



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