Avivamiento universal: Dios nos tiene preparadas grandes bendiciones.

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El viernes 11 de marzo, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, acudió a elevar su plegaria matutina al Creador al templo de la colonia Bethel, en Guadalajara.

En las calles Betsaida y Hebrón decenas de hermanos y hermanas –incluidos los niños–, esperaban con antelación el ingreso del Siervo de Dios por los atrios adoquinados de la Casa de Oración, réplica fiel del templo de la colonia Hermosa Provincia que se irguió de 1969 a 1982, y cuyas áreas verdes son distintivo en la zona oriente de la ciudad.

El reloj marcaba las 4:29 de la mañana cuando Apóstol del Señor, acompañado del hermano P.E. José Moreno –pastor de esta Iglesia– y de algunos ministros, ingresó al templo. En el interior le esperaba el Coro de la colonia Bethel, quien acompañó la plegaria apostólica con las alabanzas “Qué dulce es el amor”, “A solas al huerto yo voy” y “En tu amor”, entre tanto la Iglesia local y los encargados se unieron a la sublime oración. El fervor espiritual de este sublime momento se experimentó vívidamente en los corazones.

La oración apostólica exhaló, cual olor de nardo, un hermoso aroma espiritual en el interior del templo. El grato olor de la Elección dejó una estela de bendición en los hermanos de Bethel.

Al término de su plegaria, el Apóstol de Jesucristo saludó al Orfeón local y enseguida se dirigió a su casa en esta colonia. En su camino, las muestras de amor, fe, gratitud y reconocimiento a su Ministerio fueron por demás manifiestas: “Dios le bendiga, Apóstol de Dios”, “Bienvenido a su casa”, “Sus hijos de Bethel le amamos”… En correspondencia, con alegría paternal, les dijo a su paso:“Dios les pague por acompañarme, hermanos”.

El Pueblo muy amado de Dios desde tiempos atrás tiene sus escogidos

En la puerta de su casa platicó con sus colaboradores: “Qué bonito es contemplar que la victoria de la Iglesia no se basa en el fracaso de los otros. Dios a cada quien pagará según su amor, su bondad, su juicio o su ira… a su Iglesia, Él la va consolidando y fortaleciendo cada día más y más”. Y es que mientras los medios de comunicación dan cuenta de las luchas intestinas de algunos prelados católicos, quienes cuestionan públicamente a su líder internacional, la Iglesia del Señor se está gozando en los avivamientos que dieron inicio el pasado lunes.

En relación con la fiesta espiritual que la Iglesia experimenta en estos días –y que se prolongará en las semanas siguientes–, el Apóstol del Señor expresó: “Ayer estaba viendo los avivamientos… ¡Qué hermosos! Las manifestaciones han sido hermosas, bastas y abundantes en todos lados. ¡Dios sigue demostrando que está con su Pueblo!

“Cuando está el reconocimiento y la verdadera fe de Dios, esta obra en los hermanos para que la Elección sea perfecta en sus corazones. Vimos una fidelidad, lealtad, sujeción, amor y entrega al Apóstol Samuel Joaquín de toda la Iglesia y del Cuerpo Ministerial, quienes se sujetaron siempre a donde él los cambiara y a las instrucciones que él les daba.
“En su bondad, Dios lo llamó al descanso eterno y me pone a mí en su lugar y es exactamente lo mismo: la entrega total de la Iglesia y del Cuerpo Ministerial, es de la misma forma… cambió la persona, pero la obra que Dios hace en los corazones es la misma: ahí están los hechos y las obras”.

Se recordó una frase de la alabanza n. 428: “Por fe yo he de mirar lo que no he visto”, y el Siervo de Dios añadió: “Y lo estamos viendo”. Recordó que cuando durmió el Apóstol Samuel Joaquín, algunas personas auguraban que habría caos y falta de dirección en la Iglesia. Sin embargo, no fue así por una poderosa razón: “El Pueblo muy amado de Dios desde tiempos atrás tiene sus escogidos”. En este momento, a lo lejos se escucha la alabanza “Soy yo soldado de Jesús”, entonada magistralmente por el Orfeón local.

La Iglesia del Señor sigue adelante

En otro momento, el Apóstol del Señor comentó: “Minutos después de que el Varón de Dios durmió, yo le dije a la Iglesia: ‘Vamos a honrar el cuerpo del hombre de Dios, pero no estamos solos’; ahí le pedí al Señor que no fuera a obrar un espíritu de incertidumbre o incredulidad –que el enemigo trató de introducirlo, pero la Iglesia se mostró firme porque Dios estuvo en todo momento con su Pueblo”.

Recordó el comentario de una persona que en aquellos días expresó: “Todo está muy tranquilo. Como que no les ha caído el veinte…”. Pues claro, ¿qué quería ver? ¿Un pueblo desesperado? Había paz porque Dios en ningún instante abandonó a su Pueblo: lo confortó abundantemente. En su momento no entendíamos ni aceptábamos esa realidad, porque mientras el Siervo de Dios vivía, nuestra esperanza era que él nos entregara en los brazos de Cristo.

“Pero él, desde años atrás, nos estuvo preparando: nos estuvo anunciando que no iba a ser eterno y que la Iglesia iba a continuar. Ahora recordamos aquello y decimos: ‘Es cierto, muchas veces lo estuvo diciendo a la Iglesia’. En su momento no lo aceptábamos. Por eso dije en la Escuela Dominical del 30 de noviembre de 2014: ‘Ejerzamos nuestro derecho de hijos, para pedirle al Señor que su Apóstol nos entregue’.

“Y cuando Dios manifestó su voluntad –de recoger a su Apóstol–, antes de la manifestación del día 14 de diciembre, los hermanos le pedían al Señor: ‘¡Cuando manifiestes tu gracia no me vayas a dejar fuera! ¡Soy barro en tus manos! ¡No me quiero quedar fuera de tu bendición!’. El corazón de todos estaba dispuesto. La petición a Dios no era ‘resucita a tu Siervo’, sino el ser incluidos en su gracia y plan bendito.

“¿Por qué no pedía la Iglesia a Dios que resucitara a su Apóstol? Porque aceptó la voluntad de Dios y al ver su cuerpo decíamos: ‘Merecía el descanso’. Solamente el malo y el perverso, el que no quiere reconocer esta Elección, decía: ‘No, que se levante’, pero los que realmente creíamos dijimos: ‘Que resucite sería traerlo a un retroceso: regresarlo de un triunfo glorioso al dolor y la enfermedad, y no queremos eso; que durmiendo en los brazos del Señor retorne de nuevo a este lugar”. Y es que, como dice la alabanza n. 114, ‘Cuando dejemos de existir iremos a un lugar mejor, do gozaremos al sentir no regresar nunca jamás… todo será felicidad, libre de angustia y dolor, ir a la gloria sin regresar, nunca, sin regresar’.

“Eso es algo muy bonito que la Iglesia comprendió. Y es que también el Siervo de Dios nos preparó para eso, porque en todo momento él nos decía que no iba a ser eterno. Sus explicaciones eran sobre la fe y la esperanza, en el sentido de que la Iglesia iba a continuar: ‘¿Qué va a suceder? Yo ya no voy a estar con ustedes, pero aquí van a estar mis hijos –materiales y espirituales– y la Iglesia va a seguir adelante’; y continuamente nos exhortaba sobre esto. No necesitábamos su palabra en el sentido de que él nos fuera a faltar un día, aunque si estábamos recibiendo el consejo en nuestros corazones. Así es que cuando llegó el momento, dijimos como los discípulos de nuestro Señor Jesucristo: ‘Si es cierto, él ya nos había dicho estas cosas’.

El Siervo de Dios recordó la ocasión cuando el Apóstol Samuel Joaquín habló con la niñez de la Zona Metropolitana de Guadalajara, en la colonia Bethel, el 13 de abril de 2008, y ahí les dijo: “Vengo a saludarlos y, a la vez, a alegrarme con ustedes, que son el futuro de la Iglesia. Significa que, aunque el Señor me recogiese, estoy viendo en vosotros a una iglesia fuerte, viril; porque estoy pensando de hoy a veinte años o más. Yo ya no voy a estar con ustedes, pero me van a recordar, guardarán mis palabras y dirán: ‘Yo conocí a un Apóstol que se llamó Samuel Joaquín”.

“El que el Siervo de Dios haya dormido en el Señor fue un triunfo, no una derrota: Dios ya lo estaba manifestando en los corazones”. Se recordó el testimonio de los hermanos mapuches, de Chile, quienes, al vivir en las serranías y estar incomunicados por carecer de medios electrónicos, cuando su ministro fue a notificarles el deceso del Siervo de Dios, ellos ya lo sabían. Y aún más: ¡Conocían también que el Hermano Naasón Joaquín había quedado al frente de la Iglesia¡ El encargado les preguntó: ¿Y quién se los dijo? ‘El Señor nos los declaró a través de sueños y manifestaciones’, respondieron. ¡Muy hermoso testimonio de la Obra perfecta de Dios!”.

El avivamiento universal que se aproxima: mayor que el día del Pentecostés

Por otro parte, destacó: “Si en los avivamientos para los espirituales hay grande gozo, vienen grandes promesas de Dios para su Pueblo. Si hoy recordamos el día del Pentecostés como un día grandioso, los avivamientos que van a empezar la próxima semana serán todavía más grandiosos: antes no se habrá visto algo semejante. ¡Y Dios nos tiene preparadas grandes bendiciones!

“Los hermanos que han avivado en estos días tendrán libertad para acercarse a ayudar a sus hermanos que pedirán la promesa del Espíritu Santo: ahora se acercará el hermano con toda la libertad, con plena seguridad. Y el hermano vacío va a experimentar esa comunión, porque el Espíritu da testimonio a nuestro espíritu…
“Es el Señor el que nos ha abarcado y quien mantiene unido a su Pueblo. Agradezco el favor incomparable que Dios me permite de ponerme como medio para ellos. Es su Pueblo, no lo podía abandonar, no lo podía dejar. No es la persona, es Dios.

“Yo me gozo en su favor, en su Elección, pero es Dios el que ha hecho su Obra perfecta. Porque desde el principio lo dije: ‘La historia se seguirá escribiendo. Terminó una administración, una encomienda que Dios le dio a uno de sus siervos. Terminó una Era, una Época, pero inició otra, porque la Iglesia continúa. No se terminó la Iglesia y comenzó otra: es la misma Iglesia, la del principio, la que continúa”.

Y reiteró: “Una Era se acabó y una Nueva Era empieza, eso es todo. Una administración llegó a su término y una administración comienza. Pero la Iglesia sigue de triunfo en triunfo, como la luz de la aurora, cada vez más hermosa, cada vez más luciente, cada vez más presente… imponente como ejércitos en orden.

“Y qué hermoso, la Iglesia todavía no asimila la bendición de los bautismos cuando ya está ahorita disfrutando la fiesta espiritual del avivamiento. Estamos asimilando una bendición cuando ya llegó la otra y la Iglesia está unida en comunión, trabajo, propósitos, obediencia, metas”.

A un año del inicio del Ministerio Apostólico: ningún alma se ha perdido

“Los que escribían cartas, desde el anonimato, ¿dónde están? ¿Qué han hecho? ¿Qué han logrado? Absolutamente nada. Esos tres o cuatro, ocultándose en sus cuartitos, tal vez escondiéndose hasta de su esposa y de sus hijos para que ni siquiera ellos sepan que no han recibido la bendición de Dios, tienen que salir y mostrar la cara de que sí han recibido. Aquí están entre nosotros, levantan la mano igual que los hermanos y gritan ¡Gloria a Dios! entre ellos. ¡Cómo quisieron detener lo que viene de Dios!
“Recuerdo lo que les dijo Gamaliel a los sacerdotes de Jerusalén: “Y ahora os digo: Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; más si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios” (Hechos 5:38-39).

“La Iglesia es de Dios. ¿No es hombre de Dios el que la guía? ¿Un árbol malo puede dar frutos buenos? Pero lo más bonito, por más que digan y quieran introducir la cizaña, la Iglesia ha sido testigo de las bendiciones que Dios ha derramado sobre ella y sigue marchando de triunfo en triunfo… ¿Cómo decirle a alguien que está viviendo y participando de esta gracia que no es verdad? Que digan: ‘No es cierto, no fueron bautismos masivos, es pura publicidad’. La Iglesia responde: ‘Somos testigos y protagonistas, ahí estuvimos presentes’. Y si los adversarios cuestionan: ‘No es cierto, no hubo bendiciones en los bautismos ni en los avivamientos’. La hermana y el hermano responderá categórico: ‘Estamos experimentando todas las bendiciones que Dios nos permite’.

“Por lo anterior yo sostengo: ‘Lo que hemos visto, lo que hemos oído, y agrego: lo que hemos vivido; eso testificamos’. Y si alguien viene a decirme: ‘No es cierto lo que viviste’, diré: ‘Cómo no, si yo lo viví: fui testigo, cómo me dices que no’. Por eso la Iglesia hace a un lado esos comentarios infundados”.

Recordó que al inicio de su ministerio invitó a la Iglesia y al cuerpo ministerial a no permitir que una sola alma fuera arrebatada por los falsos y se perdiera. A poco más de un año de distancia, ninguna se perdió: “Las almas no eran ni son de ellos, son de Dios. Habían sido el trabajo de mi padre y juntamente con él yo trabajé, ustedes trabajaron… Él nos las encargó y a nosotros nos costaron juntamente con él”. Y preguntó a los ministros: ¿Quién no se levantó a las dos de la mañana a visitar un enfermo? ¿Quién no atendió un problema de matrimonio? ¿Quién no buscó al afligido y le dio una palabra de aliento?… Todos fuimos parte de ese trabajo. ¡Cómo se las íbamos a dejar, si fue también trabajo de los ministros!

“Aquellos hombres, en su cobardía, no querían sembrar la confusión para llevar a las almas a un grupo religioso, porque ni siquiera tienen un lugar en donde reunirse; no los estaban citando en un lugar o en un punto de reunión. Como asalariados, vieron que no hubo fruto y se apartaron.

“Nosotros trabajamos con el Siervo de Dios, conquistamos las almas, fuimos parte de ese trabajo juntamente con él, y por su oración Dios nos bendecía. ¡Cómo les íbamos a dejar una sola alma!

“Y yo les aseguro: ‘Ninguna se perdió’. ¿Y los falsos? Ellos estaban desde antes, desde que mi padre estaba aún con vida –en convalecencia– estaban escribiendo sus cartas. Eran los mismos. Ellos nunca creyeron, pero los que eran de Dios ninguno se perdió. ¡Aquí están todos! ¡Seguro se halla el aprisco! ¡Muy seguros están, cubiertos bajo el Manto de la Elección”.

Después de esta amplio consejo, se despidió de sus colaboradores: “Dios les pague por acompañarme. Dios los bendiga”.

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Ivan Hernández

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