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Apóstol de Jesucristo envía un saludo a los batallones espirituales

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Desde la colonia Bethel, el Apóstol de Jesucristo envía un saludo a los batallones espirituales

El domingo 12 de marzo, al término de la Escuela Dominical en la Iglesia de la colonia Bethel —presidida por el hermano P.E. Felipe Medina—, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, envió un saludo a la Iglesia Universal y, de manera particular, a los batallones espirituales que se encuentran diseminados alrededor del mundo—entre ellos los matrimonios y jóvenes misioneros que salieron de Amozoc, Puebla; Houston, Texas y otros países de América Latina y Europa.

El reloj marcaba las 11:59 de la mañana cuando el Apóstol del Señor salió al balcón de su casa de la colonia Bethel. En breve, las calles Betsaida y Hebrón, así como el atrio adoquinado del templo, se encontraban pletóricos de hermanos y hermanas –incluidos los niños–, quienes, con inocultable alegría, se disponían a escuchar a su maestro y guía espiritual, en este día de bendición.

«¡Qué alegría y qué bendición contemplar la fe de Dios manifestada en cada uno de vosotros», fueron las primeras palabras que dirigió el Apóstol de Jesucristo a sus hijos en la fe en esta colonia del oriente de Guadalajara —de la que conserva gratos recuerdos—. Destacó que, a través de la tecnología, contempla y escucha la recordación de la enseñanza y las explicaciones que los ministros presiden en las iglesias esparcidas alrededor del mundo, «no hacen mas que marcar esa identidad, la cual llevamos cada uno de nosotros como hijos de Dios».
La Palabra de Dios, cuando se pone por obra, santifica al creyente

Y agregó: «Es la Palabra de Dios la que viene a santificarnos, pero no así de sencillo como se oye, sino a través de ponerla por obra. Por eso el Espíritu de Dios decía: ‘Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad’ (Juan 17.1); esto quiere decir que, escuchando esta Palabra y practicándola, somos nosotros santificados.

«Su hermano se ha llenado de una inmensa alegría y orgullo al ver a un Pueblo de Dios más que agradecido, trabajador y valiente que se ha entregado a la batalla espiritual y que con su mano izquierda trabaja en las cosas materiales —de sus vidas cotidianas—, pero con su brazo derecho toma la espada, que es la Palabra de Dios, para seguir dando testimonio (v. Nehemias 4:18).

«Desde este lugar de la Bethel envío este mensaje a la Iglesia Universal: ‘Sigamos adelante. Dios nos sigue dando la victoria. El Pueblo del Señor sigue adelante, triunfante… Dios sigue manifestando al mundo entero que la Iglesia del Dios Vivo, Columna y Baluarte de la Verdad alumbra cual luz de este mundo y lleva la claridad a todos los rincones».

En otro momento, el Apóstol del Señor expresó su particular beneplácito por la fructífera labor evangelizadora que, desde el inicio de su ministerio apostólico, lleva a cabo la Iglesia a nivel mundial —incluida su niñez—. Contempló, a través de la señal de internet, las reuniones que simultáneamente tuvieron lugar en diversos países, entre ellos Brasil, la India y la República de El Salvador, y expresó: «Siento grande satisfacción, volteo al cielo y digo: ‘Señor: ¡Qué orgulloso me siento porque me has puesto, sin ser digno, al frente de este hermoso y noble Pueblo.

«Sigamos adelante. La batalla espiritual no es con piedras, pistolas, palos, lanzas o escudos materiales: la lucha es con nuestra práctica en esa Palabra de Dios (v. Santiago 1:22), y que nuestros hechos, vida y conducta arrastren a las personas. Que cuando llegue a ellos el testimonio, no solamente escuchen nuestra palabra, sino que también vean el buen ejemplo».

¡Luchemos como los fieles Siervos de Dios!: himno convertido en consejo apostólico

Enseguida, invitó a los hermanos de Bethel a cantar el himno n. 331, «Luchemos como los fieles Siervos de Dios», que en sus estrofas invita a defender la causa del Señor: «… hoy el Señor Jesús a nuestro lado va, luchemos por Él, oh Pueblo del Señor, que la victoria Él nos la dará».

Y agrega: «Cualquiera que como fiel soldado pelee por defender la batalla de la fe; debe vestirse bien de justicia y poder, y el triunfo obtendrá por Cristo el Salvador: por su potencia tiene que vencer. No temas que con nosotros es el Señor, la fortaleza con nosotros está; el es el capitán, el es nuestro guiador; luchemos por Él oh Pueblo del Señor, que victoriosos Él nos sacará».

Previo a la entonación del himno, el Apóstol del Señor deseó que esta alabanza —íntegra en sus estrofas— se convierta en un consejo apostólico que él deja a la Iglesia Universal, desde la colonia Bethel, y parafraseando el himno, añadió: «En esa lucha, trabajo y misión que Dios nos ha dejado, ¡luchemos como los fieles siervos de Dios!… ¿Has sentido que Jesucristo, nuestro Señor, va a nuestro lado? Y más que a nuestro lado, ¿has sentido en tu ser su espíritu?

«Yo espero, pues, que vosotros también trabajéis: que no vengáis solamente a la Casa de Oración y aquí seáis buenos, honestos y decentes en el vestuario y el habla, sino que aún mas: cuando salgáis al mundo y os relacionéis con la sociedad, haya ellos vean vuestras buenas obras y glorifiquen a Dios.

«Dirán algunos: ¿Ya viste a aquella hermana? ¡Que bien vestida anda! ¡Qué honesta!… Y viste a aquel joven que no se expresa con palabras altisonantes ni anda tomando cervezas ni practicando acciones malas… y entonces ellos digan: ’Es que son de La Luz del Mundo’, y se cumpla con ello lo que dijo el Señor Jesucristo: ‘Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos’ (Mateo 5:16). Tus obras han de brillar cual lámpara que se pone en un lugar alto y alumbra este mundo».

En otro momento recordó la bienvenida que la semana pasada se dio a los hermanos que recibieron la adopción divina —a nivel mundial— y agregó: «Las almas brincaban de alegría al haber recibido a Cristo y en sus corazones expresaban: ¡Mi padre es un Rey! Destacó que los pasados días 12, 14 y 19 de febrero tuvieron lugar, por primera ocasión, bautismos multitudinarios en 300 ciudades de la República Mexicana, donde hasta hace tres meses la Iglesia La Luz del Mundo no tenía presencia. Sin embargo, precisó, esa luz no solo irradió en aquellas localidades sino en toda la Iglesia: «La luz de la niñez, de la juventud y de la Iglesia ha brillado… y yo os exhorto, desde este lugar, a que sigamos luchando como los fieles Siervos de Dios, y el que perdiera su vida aquí, allá con Cristo la ha de encontrar».

Más adelante, afirmó categórico que el Señor lleva a su Iglesia de triunfo en triunfo y no de derrota en derrota. El hecho de que un obrero —joven o señorita— se haya regresado del lugar al que fue asignado, no significa que la Iglesia ha fracasado. No fueron dos o cuatro misioneros los que salieron a la Obra: se cuentan por miles los matrimonios y jóvenes que conforman los batallones espirituales y que siguen trabajando por la causa del Señor en diferentes partes del mundo.

«No nos olvidemos de orar por todos los obreros»: regla apostólica para la Iglesia Universal

Al concluir el himno, el Apóstol de Jesucristo reanudó su mensaje universal: «Quiero enviar un saludo a todos los obreros esparcidos por el mundo (México, Centroamérica, Sudamerica, Estados Unidos, Canada, Europa, Asia y Oceanía), a los más de cinco mil obreros que están batallando en los lugares donde no se había llegado la Palabra de Dios. A ellos les mando decir: ‘Su hermano Naasón no se ha cansado. Mis brazos siguen levantados para decirle al Señor: ¡Sé con ellos! ¡Fortalécelos cada día mas! ¡Hazlos valientes!’. Mis brazos, Iglesia del Señor, sois cada uno de vosotros, que día a día os acordáis también por cada uno de ellos y sé que también está la juventud, aquellos adolescentes que aún no han llegado a la mayoría de edad… pero que miles de ellos se encuentran inquieto esperando que llegue su tiempo: ‘Cuando cumpla los 18 años le diré al Varón de Dios: ‘Mi tiempo ha llegado’, así es que son otros miles de obreros que estarán prestos para salir a la batalla espiritual.

«¡Vamos de triunfo en triunfo!… Los obreros siguen llevando la Palabra de Dios a las gentes, que lleva santidad, y rescatándolos de la mentira y del engaño. Mientras tanto, tú aquí , con tus obras y buen ejemplo, sigue adelante… Y aunque muchos se burlen de que tú lleves la dignidad de decir: ‘Yo soy de Cristo y Cristo es mío. El testimonio será mi vida, mi hablar y mi conducta. Cuando la gente voltee y me diga: ¿Tú porqué no practicas tal conducta? ¿Por qué no te vistes de esta forma? Tu respuesta será: ‘Es que yo soy hijo de un Rey’, no de un gobernante humano: ‘Soy hijo del Rey de reyes y Señor de señores’.

«Iglesia del Señor: con mucha satisfacción te digo: ‘Dios te bendiga. ¡Que sigas viviendo la hermosa promesa que Dios me hizo el 8 de diciembre de 2014 —hace dos años—! Promesa que hemos contemplado y seguiremos contemplando: Este Pueblo se ha estado multiplicando todavía más y aún vamos empezando. ¡A Dios y a su hijo amado Jesucristo, sean la gloria desde ahora y para siempre!

«Hermanos de Bethel: ¡Qué alegría estar con vosotros y contemplar vuestra reunión. Saber que seguís adelante también con su hermano. Oigo el canto de los hermanos del Coro y veo cómo levantan sus manos; volteo con los jóvenes y también levantan sus manos… y todos de una forma y otra me dicen: ‘Hermano Naasón: aquí estamos con usted para hacer todo lo que Dios le ha encomendado’. Pues, hermanos, ¡a la conquista del mundo!, con la ayuda del Señor.

«No nos olvidemos de orar por todos los obreros. Niñez de la Iglesia del Señor: ora por los obreros que están en los campos de batalla; algún día te tocará ir a ti a esos lugares, pero mientras se llega ese momento, pídele a Dios por ellos, que los fortalezca. Grande es la labor que están realizando, pero el Señor les dará también a ellos la victoria, como hasta hoy lo hemos estado viendo.

La Paz de Dios quede en sus corazones. Dios los bendiga.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.




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